La delgada línea entre hábitos saludables y un posible trastorno alimentario es cada vez más difusa. Actividades como llevar un registro meticuloso de las calorías, eliminar grupos de alimentos enteros o practicar el ayuno intermitente son vistas hoy como sinónimo de disciplina y bienestar. Sin embargo, especialistas del Centro Cadda advierten que estas conductas, normalizadas por la cultura de la dieta y las redes sociales, pueden ser señales de alerta tempranas de un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA).
El principal desafío radica en que la sociedad valida estas prácticas, asociando conceptos como comer “limpio” o “saludable” al éxito personal. La restricción alimentaria se interpreta frecuentemente como una muestra de control y fuerza de voluntad.
“El problema no es preguntarse qué se está comiendo. El problema es cuándo esa pregunta empieza a ocupar todo el espacio mental de una persona”, señala Pamela Campi, nutricionista y cofundadora de Centro Cadda.
Campi enfatiza que, aunque contar calorías o ayunar por horas sea celebrado en plataformas digitales, la angustia o culpa intensa al romper una regla autoimpuesta, o cuando la obsesión por “comer bien” supera el placer de compartir una comida familiar, son motivos de preocupación profesional.
Desde la psicología, Macarena Zuleta, psicóloga y también cofundadora de Centro Cadda, explica que estas conductas suelen esconder una búsqueda de control frente a emociones complejas, como la ansiedad o la baja autoestima, además de la presión por alcanzar ideales corporales inalcanzables. La normalización de estas prácticas dificulta que tanto las personas como su entorno identifiquen la necesidad de ayuda.
El equipo de Centro Cadda recomienda buscar apoyo profesional si se observan señales como una preocupación constante por las calorías o porciones, culpa excesiva por “salirse” de la dieta, evitación de eventos sociales con comida, cambios de ánimo ligados a la alimentación, la necesidad de “compensar” lo comido con ejercicio o ayuno, o una insatisfacción corporal intensa. Aunque ninguna de estas señales por sí sola es un diagnóstico, su persistencia y combinación ameritan una evaluación experta.
Una revisión sistemática de la Universidad Flinders, publicada en marzo de 2025 en la revista Body Image, analizó 38 estudios sobre aplicaciones de dieta y actividad física, encontrando una asociación entre el uso de estas herramientas y el riesgo de desarrollar trastornos alimentarios. Este hallazgo subraya la importancia de identificar a tiempo cuando un hábito saludable se convierte en un problema.