El presidente José Antonio Kast admitió este miércoles que su promesa de campaña de expulsar a 300 mil migrantes irregulares “el primer día” de su administración no debe ser tomada de forma literal. Durante una actividad en la Cámara Chilena de la Construcción, el mandatario respondió a los cuestionamientos ciudadanos y políticos por la demora en la implementación de una de sus banderas electorales más potentes.
Ante las críticas por los 60 días transcurridos desde el inicio de su gobierno sin que la meta se haya concretado, el jefe de Estado fue enfático en precisar el sentido de sus palabras.
“Algunos dicen: ‘Llevan 60 días y usted dijo que el primer día iba a expulsar a 300 mil migrantes’. Es una metáfora. Si alguien creyó que en un día vamos a expulsar a 300 mil, creo que entendió mal el mensaje”
, afirmó el Presidente durante su intervención.
La presión por la crisis migratoria
La inmigración irregular fue el eje central que permitió a Kast construir un discurso confrontacional durante su candidatura. Durante meses, el entonces abanderado vinculó el ingreso irregular con el aumento del crimen organizado, la delincuencia y una supuesta pérdida del control territorial, prometiendo medidas drásticas y expulsiones masivas para recuperar el “orden” en el país.
A pesar del discurso de campaña, la realidad en La Moneda ha sido distinta. El gobierno ha enfrentado serios problemas para acelerar las expulsiones, logrando realizar el primer operativo aéreo recién en abril. Esta situación ha generado un desgaste político, ya que el control fronterizo era la promesa que mayor identificación generaba entre sus adherentes más leales.
¿Qué pasará con la política migratoria?
El mandatario aprovechó la instancia para intentar reordenar las expectativas, insistiendo en que el mensaje original apuntaba a una señal política de endurecimiento. Aun así, reiteró su compromiso de mano dura al señalar que “cada uno que quiera volver a entrar a Chile de manera irregular, lo vamos a detener y lo vamos a expulsar”.
El tema se mantiene como uno de los puntos más sensibles de su gestión. Si bien el gobierno busca recalibrar su narrativa para enfrentar la imposibilidad operativa de cumplir cifras masivas en plazos cortos, queda la duda de si este cambio de tono será suficiente para apaciguar a quienes esperaban resultados inmediatos ante la crisis de seguridad fronteriza.