La salida de una vocera sin peso político
El paso de Mara Sedini por la vocería de gobierno llegó a su fin tras 69 días de gestión. Al anunciar su salida, Kast fue enfático en señalar que a la exministra «le tocó ser rostro de decisiones impopulares», dejando en evidencia el desgaste que sufrió la actriz, periodista y cantante durante su breve periodo.
Su nombre fue el primero en figurar en todas las quinielas ante un inminente cambio de gabinete. La falta de experiencia previa en cargos de alta responsabilidad política le pasó la cuenta, derivando en una serie de errores no forzados que debilitaron su figura frente a la opinión pública.
Aislada de las decisiones
Más allá de las equivocaciones puntuales, el diseño comunicacional impuesto por La Moneda jugó un rol clave. Sedini nunca tuvo acceso real a la toma de decisiones, quedando supeditada a las estrategias que se dictaban directamente desde el Segundo Piso. Esta estructura rígida provocó que la exvocera no lograra verse cómoda en sus intervenciones.
La diferencia con gestiones anteriores es notable. A diferencia de figuras como Camila Vallejo, Cecilia Pérez o Francisco Vidal, quienes participaban activamente en la mesa chica del Ejecutivo y mantenían una coordinación constante con el Presidente, Sedini operó bajo un esquema de aislamiento que limitó su capacidad de maniobra.
La falta de preparación
Otro punto crítico que señalan fuentes internas de Palacio es la total ausencia de un coaching profesional. Sedini no contó con el entrenamiento específico necesario para enfrentar la exposición mediática de la vocería, una carencia que muchos en el sector consideran una falla estratégica fundamental que ella terminó pagando caro.
El contexto de su salida también se vio ensombrecido por las controversias que rodearon a otros miembros del equipo gubernamental, como los diversos tropiezos de Trinidad Steinert, quien cumplió 69 días al mando de la cartera de Seguridad, sumando tensión a un diseño de gabinete que finalmente no logró sostenerse en el tiempo.