El presidente José Antonio Kast intenta contener la crisis política desatada tras sus recientes declaraciones sobre las 300 mil expulsiones de migrantes irregulares que prometió durante su campaña. Si el pasado miércoles calificó su propuesta como una «metáfora», este jueves, desde la comuna de Caldera, el mandatario ajustó su narrativa al señalar que quizás el término técnico más apropiado para definir su discurso previo era «hipérbole».
La controversia tras la promesa migratoria
La aclaración llega en medio de una fuerte arremetida desde el Congreso, donde diversos parlamentarios han acusado al jefe de Estado de minimizar uno de los compromisos fundamentales que marcaron su carrera hacia La Moneda. Cabe recordar que la cifra de las 300 mil personas no fue una mención aislada: estuvo presente en debates televisivos, discursos masivos e incluso fue acompañada por una cuenta regresiva durante toda su campaña.
Ante la arremetida de la oposición, que lo cuestiona por una supuesta falta de veracidad en su programa, Kast defendió el fondo de su gestión. «Quizás la palabra era hipérbole, no metáfora», insistió el presidente al ser consultado por la prensa. A su juicio, el mensaje de fondo es comprendido por la ciudadanía, quien según sus palabras, puede observar el cierre de fronteras y la salida constante de aviones con migrantes en situación irregular.
Orden administrativo y agenda legislativa
El mandatario argumentó que el proceso de expulsiones masivas requiere primero de una fase de «orden administrativo» y reformas institucionales profundas. «Tenemos carpetas que quedaron sin firmar (…) primero tenemos que ordenar», justificó, adelantando que el éxito de su plan dependerá de futuras reformas legales que deberán ser tramitadas obligatoriamente en el Congreso.
Sobre las prioridades operativas, el Gobierno reiteró que las primeras salidas serán para individuos con estatus migratorio irregular o aquellos que mantienen causas judiciales pendientes. En cuanto a las gestiones diplomáticas, Kast enfatizó la persistencia del Ejecutivo en las conversaciones con Venezuela para facilitar el retorno de sus ciudadanos.
Seguimos trabajando con las relaciones internacionales para que Venezuela abra la posibilidad de recibir a sus propios compatriotas (…) esto es sin vuelta atrás.
Pese a sus precisiones, el debate político está lejos de terminar. La incertidumbre ahora se centra en determinar cuánta parte de aquella promesa de campaña fue una exageración retórica y cuánta constituye un compromiso real que el Gobierno espera cumplir. El tiempo dirá si esta nueva terminología logra calmar las aguas o si, por el contrario, abrirá una nueva brecha de desconfianza con los electores.