El grupo Iberostar, reconocido como el segundo mayor operador hotelero extranjero en Cuba, ha confirmado una reducción drástica de su presencia en la isla. La compañía dejará de gestionar y comercializar 12 establecimientos, manteniendo operativos únicamente seis de ellos. Esta decisión responde a la necesidad de la firma de ajustarse al entorno regulatorio global y asegurar los estándares de su marca, según fuentes cercanas a la agencia EFE.
Entre los inmuebles afectados destaca el Iberostar Selection La Habana. Este hotel, que abrió sus puertas en marzo pasado tras una inversión estatal de 200 millones de dólares, cuenta con 42 plantas y ostenta el título del edificio más alto del país. Al igual que el resto de las instalaciones hoteleras en el territorio, el recinto es propiedad del conglomerado empresarial Gaesa, entidad controlada por las Fuerzas Armadas locales.
Crisis en el sector turístico cubano
La salida de Iberostar no es un caso aislado. Apenas un día antes, se informó que la cadena canadiense Blue Diamond, el tercer operador más grande de la isla, también cesará por completo sus actividades. Este movimiento migratorio de empresas extranjeras se produce en un contexto marcado por la Orden Ejecutiva 14404 de Estados Unidos, que impone sanciones a entidades y personas que mantengan vínculos económicos con Cuba.
El impacto de esta normativa ha provocado que diversas empresas analicen su estrategia en el país. Uno de los casos más emblemáticos es el de la minera canadiense Sherritt, la mayor inversión extranjera en la isla, que también se encuentra revisando su continuidad. Los seis hoteles que Iberostar mantendrá abiertos son: Grand Trinidad, Marqués de la Torre, Origin Daiquiri, Origin Taínos, Selection Parque Central y Selection Varadero.
La postura de Meliá y el incierto futuro
El mercado turístico cubano, dominado principalmente por las españolas Meliá e Iberostar, enfrenta una inestabilidad creciente. Meliá Hotels International, que gestiona 34 establecimientos en la región, no ha oficializado su salida, pero ha reconocido las dificultades operativas.
Los efectos de la situación geopolítica en la región hacen difícil un análisis y una comparativa homogéneos, manteniéndose una operación limitada por la caída de la demanda internacional y el consiguiente cierre de algunos establecimientos en el marco de las medidas de compactación coordinadas en el país.
Con la caída de la demanda internacional y la falta de suministros, la normalidad operativa parece lejana. El futuro del sector dependerá del desarrollo de los acontecimientos geopolíticos y de si el país logra revertir las restricciones que hoy obligan a las grandes cadenas a replegar sus inversiones.