El control del gasto y la estrategia de Hacienda
En una reciente aparición en el programa Estado Nacional de TVN, el ministro de Hacienda, Mario García Ruminot, salió al paso de las críticas por los ajustes presupuestarios. El secretario de Estado reconoció que ha sido una semana compleja donde fue necesario salir a explicar mejor los alcances de la gestión económica. «Tal vez hay una falencia ahí en no haber explicado mejor, pero el norte no cambia», afirmó, insistiendo en que los gastos deben estar bajo control, lo cual confirma la necesidad absoluta de racionalizar el gasto público.
Polémica por el oficio de la Dipres
Respecto al controvertido oficio enviado por la Dirección de Presupuestos (Dipres) que sugería ajustar e incluso descontinuar diversos programas sociales, García fue enfático. Señaló que «la gente lee poco, lamentablemente» y explicó que el documento consta de un cuerpo principal y un anexo de referencia. Según el ministro, el cuerpo del texto es simplemente el inicio de un diálogo técnico con las carteras ministeriales para preparar la próxima Ley de Presupuestos. En ese sentido, admitió que «faltó un poco de oficio cuando se escribió el oficio».
Relación ministerial y proyecciones de bencina
El ministro desestimó rumores sobre tensiones internas en el gabinete. Aseguró tener una «excelente interacción» con sus pares, destacando especialmente su trabajo con el ministro Alvarado, con quien asegura conformar un «muy buen equipo». En medio de las dudas por las proyecciones económicas, García también cuestionó las estimaciones de analistas sobre el precio de los combustibles. Criticando lo que denominó como «mucha estridencia» por parte de diversos expertos, el titular de Hacienda puso en duda el alza de las bencinas proyectada para el próximo jueves.
El respaldo político
El debate sobre la gestión de García también permeó en el Congreso. Recientemente, el diputado Ramírez desmintió las críticas provenientes de la UDI hacia el jefe de las finanzas públicas, calificando dichas declaraciones anteriores como «una cuña que salió mal». Con esto, el Ejecutivo intenta cerrar filas frente a la compleja discusión presupuestaria que se avecina.