La clásica rutina de “de la casa al trabajo y del trabajo a casa” ha quedado obsoleta en Argentina. Lo que antes era una premisa de equilibrio, hoy mutó a una realidad mucho más extenuante: “de un trabajo a otro trabajo”. Actualmente, el 11,9% de los argentinos se encuentra en situación de pluriempleo para poder subsistir, una cifra que ha escalado desde el 8% registrado en 2015 y que se aceleró casi un punto porcentual entre el segundo trimestre de 2023 y el mismo periodo de 2025, bajo la administración de Javier Milei.
El fenómeno del trabajador incansable
Lucrecia, de 42 años, ejemplifica este presente. Periodista de profesión, desde marzo combina su labor en una redacción con tareas de ayudantía en un estudio jurídico y, al llegar a casa, completa notas freelance para llegar a fin de mes. Como ella, un gran número de jóvenes está en búsqueda activa de ingresos adicionales. Según un informe de la consultora Delfos, el 43% de la juventud argentina busca empleo no por falta de ocupación, sino porque su nivel de vida actual es insostenible.
Para Federico Pastrana, economista y director de CP Consultora, el fenómeno responde a dos pilares fundamentales. Primero, la imperiosa necesidad de sostener un nivel de vida que se ha licuado. Segundo, la irrupción de las plataformas digitales que permiten trabajar horas extra con mayor facilidad que en el pasado. “La gente tiene que tener más laburos para sostener el nivel de vida que tenía antes”, explica el experto.
La precarización detrás de las estadísticas
El caso de Héctor, un programador de 51 años, refleja la pérdida de calidad de vida. Conduce un Uber durante las noches y los fines de semana porque su sueldo principal ya no cubre el alquiler ni los gastos básicos de su hijo. “Si no lo laburo yo, pierdo”, confiesa. Su único descanso ocurre cuando, sin viajes en la app, escucha música mientras espera el próximo trayecto, apenas horas antes de atender reuniones con clientes europeos.
Los datos del informe de CIFRA-CTA de enero de 2026 son contundentes: entre el tercer trimestre de 2023 y 2025, se crearon 486.600 puestos de trabajo, pero el 85% fueron empleos informales. En contraste, se perdieron 222.300 puestos asalariados registrados. Sectores clave como la construcción y la industria redujeron 122.800 empleos formales privados. Los salarios registrados han perdido un 5,8% de poder adquisitivo desde noviembre de 2023, brecha que trepa al 9,8% al utilizar una canasta de consumo actualizada.
Sin señales de recuperación
La masa salarial cayó del 44,7% al 43,4% del producto interno bruto. Mientras los trabajadores mantienen o aumentan su productividad, sus ingresos reales siguen en caída libre. En marzo de 2026, los salarios de convenio retrocedieron un 1,9% real frente a una inflación del 3,4%, según el reporte de CP Consultora de abril pasado. El sector público es el más afectado, con una caída del 18,3% en comparación con noviembre de 2023.
“Hoy salí a las 7 de la mañana de mi casa y llegué a las 20:30. Hice tres trabajos: dos en relación de dependencia y uno freelance. Duermo cinco horas al día y la plata sigue sin alcanzarme”, relata Gabriel, músico y docente de 38 años.
Para Gabriel, el pluriempleo se ha convertido en una trampa aritmética. Su trabajo docente y en programas orquestales apenas cubre su crédito hipotecario y servicios básicos. En este escenario de inestabilidad y volatilidad, la estabilización macroeconómica se perfila como un proceso recesivo que sigue golpeando los bolsillos. ¿Hasta dónde puede llegar la capacidad de trabajo de una población que, a pesar de tener tres empleos, no logra cubrir sus necesidades básicas?