La lactancia materna es una práctica fundamental para la salud y el desarrollo de los bebés en sus primeros meses de vida. Sin embargo, aún existen mitos que generan dudas en las madres y pueden llevar a interrumpir la lactancia innecesariamente. La leche materna, lejos de ser un simple reflejo de la dieta materna, es un fluido que cambia su composición según la alimentación, la etapa de la lactancia e incluso la hora del día.
Uno de los mitos más extendidos es que la leche materna pierde sus nutrientes después de los seis meses. Esto es incorrecto. Si bien los bebés a partir de esa edad necesitan alimentos complementarios, la leche materna sigue aportando energía, nutrientes y defensas contra infecciones. La pediatra neonatóloga María Teresa López de Clínica INDISA señala que puede cubrir una parte importante de las necesidades energéticas del segundo semestre de vida y brindar protección inmunológica.
Otro error común es pensar que volver al trabajo significa el fin de la lactancia. Con una buena planificación, extracción y conservación adecuada de la leche, es posible continuar amamantando. El apoyo familiar y laboral es clave en este proceso, según Christian Restrepo, profesor e investigador del Instituto Latinoamericano de la Familia (ILFARUS).
La creencia de que un bebé que pide pecho frecuentemente no se alimenta bien es falsa. Los recién nacidos tienen estómagos pequeños y requieren tomas frecuentes. Amamantar, además de nutrir, proporciona calma, contacto físico y seguridad.
El dolor persistente durante la lactancia tampoco es inevitable. Aunque puede haber sensibilidad inicial, las molestias prolongadas suelen indicar problemas de posición o acople que pueden corregirse con ayuda profesional. Una baja producción de leche, por su parte, puede mejorar con técnicas adecuadas y mayor frecuencia de tomas.
Los beneficios de la lactancia trascienden la nutrición. La matrona y asesora de lactancia Natalia Arechaga de Clínica Universidad de los Andes explica que la leche se adapta a las necesidades del bebé, aporta anticuerpos, favorece el crecimiento y desarrollo, y brinda contención y seguridad.
Para la madre, la lactancia también reporta beneficios, como una mejor recuperación posparto y una reducción del riesgo de cáncer de mama y ovario. Además, contribuye al bienestar emocional y fortalece el vínculo con el hijo.
Arechaga enfatiza que muchas dificultades iniciales, como problemas de acople, se resuelven con evaluación y apoyo oportunos. “Pedir ayuda a tiempo permite cuidar a la madre, verificar que su hijo se esté alimentando adecuadamente y que tenga un incremento de peso adecuado”, asegura la experta.
El contacto piel con piel, las miradas y la respuesta sensible a las necesidades del bebé durante la lactancia fomentan un vínculo afectivo seguro. La presidenta de la Rama de Salud Mental, María de los Ángeles Paul, destaca que la salud mental infantil se construye en estas primeras relaciones, donde la respuesta sensible del adulto brinda seguridad emocional.