El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este domingo que Keir Starmer, el actual primer ministro de Reino Unido, renunciará a su cargo. La contundente afirmación llega en un momento de notable crisis interna para el partido Laborista y se da en medio de fuertes rumores sobre una inminente dimisión del líder británico.
A través de su red social Truth Social, Trump no escatimó en críticas hacia Starmer, declarando:
“Keir Starmer dimitirá como primer ministro del Reino Unido. Fracasó estrepitosamente en dos temas muy importantes: la inmigración y la energía”
Estas acusaciones se producen cuando diversos medios británicos ya dan por hecha la renuncia de Starmer para este mismo lunes, en respuesta al pobre desempeño de los laboristas en las recientes elecciones locales y regionales celebradas en Inglaterra, Escocia y Gales.
En el mismo mensaje, Trump aprovechó la oportunidad para lanzar un llamado al Reino Unido:
“¡abran el petróleo del Mar del Norte!”
Conectó esta solicitud con el encarecimiento del crudo y la volátil situación en los mercados energéticos, atribuida a la guerra con Irán y las dificultades de tránsito en el estrecho de Ormuz.
A pesar de que el expresidente cerró su mensaje con un irónico
“¡le deseo lo mejor!”
dirigido a Starmer, la relación entre ambos políticos no ha sido precisamente cordial. Cuando Donald Trump asumió la presidencia de Estados Unidos, ambos intentaron mantener una fachada de cordialidad y pragmatismo para preservar la histórica “relación especial” entre sus naciones.
Sin embargo, las diferencias no tardaron en aflorar. La guerra de Irán marcó un punto de inflexión significativo, ya que Starmer optó por no alinearse automáticamente con la estrategia de Trump, llegando a restringir el uso de bases británicas para ataques ofensivos, aunque más tarde permitió algunas acciones bajo ciertos límites.
Esta postura no fue bien recibida por el entonces presidente estadounidense, quien llegó a lamentar que la relación con el Reino Unido “ya no es lo que era”. Desde aquel episodio, el vínculo entre Trump y Starmer se ha mantenido en un tono correcto pero notoriamente frío, y se ha observado cómo Starmer ha intentado capitalizar estas diferencias políticas en el ámbito interno para reforzar su propia popularidad.
La situación actual subraya la fragilidad política de Starmer y el impacto de las injerencias externas, dejando un futuro incierto para el liderazgo laborista en el Reino Unido.