El balotaje en las elecciones presidenciales de Perú atraviesa momentos de máxima tensión. La candidata de la derecha, Keiko Fujimori, se impone estrechamente sobre el postulante izquierdista Roberto Sánchez, registrando una diferencia de apenas 759 votos cuando el escrutinio oficial alcanza el 98,239%.
Según el último reporte de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Fujimori acumula 9.034.071 votos, lo que equivale al 50,002%. Por su parte, Sánchez, representante de Juntos por el Perú, alcanza 9.033.312 sufragios, consolidando un 49,998%. La incertidumbre se intensifica ante el creciente número de actas observadas que aguardan resolución.
El factor clave: actas y recuento electoral
La situación técnica del conteo es compleja: quedan pendientes de procesamiento solo 20 actas, principalmente provenientes del extranjero, mientras que otras 1.635 actas con observaciones fueron derivadas a los Jurados Electorales Especiales (JEE). Adicionalmente, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) informó que 124 actas fueron enviadas formalmente a recuento, aunque solo el 5,6% cuenta con audiencias públicas programadas a la fecha.
La mayoría de las observaciones se concentran en Lima, capital que alberga a un tercio de la población nacional. En los centros de votación se reportaron incidencias significativas, como la aparición de boletas previamente marcadas o con daños visibles en las mesas de sufragio.
¿Un déjà vu en la política peruana?
Este escenario de paridad extrema no es ajeno al electorado peruano. Se trata de la tercera elección consecutiva donde el destino del Ejecutivo se dirime por un margen de pocos miles de votos; en 2016 y 2021, Keiko Fujimori cayó frente a Pedro Pablo Kuczynski y Pedro Castillo, respectivamente, con una diferencia cercana a los 40.000 votos.
Un triunfo de Fujimori marcaría el retorno del fujimorismo al poder tras 26 años de la dimisión de su padre, Alberto Fujimori, quien gobernó entre 1990 y 2000 bajo un periodo marcado por un autogolpe de Estado en 1992 y graves denuncias de corrupción. El ganador de este proceso deberá liderar el país por el periodo 2026-2031, intentando estabilizar un sistema que ha visto pasar a ocho presidentes en apenas una década debido a constantes destituciones parlamentarias.
Más de 27,3 millones de ciudadanos fueron convocados a las urnas el pasado domingo. Con un margen tan estrecho y actas aún bajo escrutinio, el país permanece en vilo a la espera de que el JNE termine de procesar las reclamaciones pendientes para definir quién asumirá la jefatura de Estado.