La justicia alemana sentenció a 13 años de prisión a Daniela Klette, antigua integrante de la organización armada Fracción del Ejército Rojo (RAF). La Audiencia Regional de Verden, en el norte de Alemania, determinó su culpabilidad tras un juicio que se extendió por aproximadamente un año, centrándose en los múltiples robos realizados entre 1999 y 2006, periodo en el que la condenada buscaba financiar su vida oculta tras la disolución formal de la banda en 1998.
El tribunal halló a Klette, de 67 años, responsable de robo con agravantes en seis casos, además de infracciones a la ley de control de armas y secuestro con extorsión. Los investigadores sostienen que estos delitos fueron perpetrados junto a dos cómplices que permanecen prófugos: Burkhard Garweg y Ernst-Volker Staub. Se estima que, mediante esta actividad delictiva, el trío logró sustraer más de 2,7 millones de euros.
El fin de tres décadas en la clandestinidad
La captura de Daniela Klette ocurrió finalmente en 2024, en su vivienda del distrito berlinés de Kreuzberg. En el operativo policial, se incautaron armas, municiones, documentos falsos y 240.000 euros en efectivo. Durante el proceso judicial, la acusada evitó pronunciarse sobre los cargos específicos, utilizando el estrado principalmente para emitir proclamas de carácter anticapitalista.
La fiscalía había solicitado originalmente una pena de 15 años, considerando la gravedad de los ilícitos, incluyendo cargos por intento de asesinato. Por otro lado, la defensa de la mujer abogó por su absolución, argumentando la supuesta falta de pruebas concluyentes sobre su participación directa en los asaltos a supermercados y furgones de dinero.
Contexto histórico: El legado de la RAF
La Fracción del Ejército Rojo, también denominada Brigada Baader-Meinhof, fue un grupo radical que marcó la política alemana desde los años 70. Se le atribuye la muerte de 34 personas, incluyendo figuras como el industrial Hans Martin Schleyer y el fiscal federal Siegfried Buback. Klette, vinculada a la tercera generación de la organización, es investigada además por su presunta implicación en ataques ocurridos en la década de 1990, tales como un coche bomba contra el Deutsche Bank, un atentado a la embajada estadounidense en Bonn y la voladura de una prisión.
La condena fue recibida con consternación y tumulto por los simpatizantes de la exintegrante de la RAF que han acudido a lo largo de todo el proceso para apoyarla en la sala y que lanzaron gritos de “¡Libertad para Daniela!”.
A pesar de esta condena por robos, el futuro judicial de Klette sigue abierto. En marzo de este año, la Fiscalía Federal alemana presentó cargos adicionales por tentativa de asesinato, provocación de explosiones y secuestro, lo que sugiere que nuevos procesos podrían sumarse a los 13 años impuestos hoy. ¿Logrará la justicia esclarecer todos los atentados de la RAF vinculados a su tercera generación antes de que concluya el periodo de prescripción?