Carolina Sandoval: la emprendedora chilena que cruzó la cordillera dos veces y fundó su centro en Lanús

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A sus 40 años, Carolina Sandoval, emprendedora de origen chileno, encontró su propósito de vida en Lanús Oeste, en el conurbano bonaerense, tras una serie de decisiones audaces. A los 22, dejó Antofagasta, su ciudad natal, para explorar el mundo del teatro y la riqueza cultural de Buenos Aires. Esa elección, inicialmente impulsiva, se convirtió en el punto de partida de una historia de migración, maternidad y reinvención que culminó con la creación de Casa Mahatma, un centro de desarrollo personal.

Quince años después de aquella primera travesía, Carolina conserva intacta su identidad chilena. «Lo chilena se me sale por los poros», afirma, y su acento, modismos y forma de interactuar en la ciudad lo confirman, una chilenidad que no solo no oculta, sino que ha enarbolado en sus dos viajes de ida y vuelta entre países.

«Llegué impulsada por una profunda curiosidad y deseo de explorar el arte escénico», relata Sandoval sobre su arribo a la capital argentina. Los siete años siguientes estuvieron marcados por una formación que, aunque académica en parte, halló su verdadera expresión en las tablas. Fue en el escenario donde comenzó a desentrañar el lenguaje corporal y la autoexpresión, hitos que moldearían su camino futuro.

La etapa porteña de Carolina no se limitó al teatro. De forma paralela, se adentró en disciplinas como el Reiki, la meditación y la terapia floral, herramientas de conexión interior que sentaron las bases para su futuro proyecto personal y profesional.

Los primeros contactos culturales en Argentina fueron intensos. «En mi primera fiesta con argentinos, el chico que trataba de galanearme con la confianza comenzó a decirme ‘hija de puta, la puta que te parió’. Me tuvieron que sacar de la fiesta, porque no entendía nada», rememora con humor la emprendedora.

En 2012, a los 27 años, Carolina se convirtió en madre de Maximiliano en Avellaneda, otra localidad bonaerense. «Su llegada transformó completamente mi vida», confiesa. Este nacimiento abrió una nueva fase que implicó decisiones complejas. Compartió su vida con el padre de su hijo, de nacionalidad argentina, hasta su separación en 2013, momento en que decidió regresar a Chile.

Este retorno fue más allá de lo geográfico; representó, en sus palabras, «un gran movimiento interno» y el génesis de su trayectoria emprendedora. Así nació Spacio-zen Terapias Alternativas, su primer proyecto, donde volcó los conocimientos adquiridos en Buenos Aires. Este emprendimiento fue una escuela crucial, permitiéndole identificar tanto lo que deseaba construir como lo que necesitaba transformar en sí misma.

Emprendedora chilena en Argentina

La decisión de volver a Buenos Aires por segunda vez en 2019 coincidió con un período de alta conflictividad en Chile, en pleno estallido social. «Volvía de un estallido social bien feo y mi proyecto tembló, fue dividido», recuerda. Sin embargo, el desafío mayor no fue económico, sino convencer a quienes la querían. «Las madres tienen la mayoría de las veces miedo y no quieren, menos con su nieto», dice con honestidad. Su familia en Chile no recibió la decisión con los brazos abiertos. Sin embargo, confió. «Veían que siempre fui así de fugaz y que de alguna u otra forma lo logro», explica. Y así, con un hijo de siete años, sus ahorros y la convicción de que había un nuevo camino por construir, Carolina cruzó la cordillera por segunda vez. Volver a em

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