Juan Méndez, conocido en las pasarelas y redes como Jaricch, se ha consolidado como uno de los talentos exóticos que triunfan en la exigente industria de la moda europea. El modelo chileno, oriundo de La Florida, Región Metropolitana, se mudó a París el año pasado, tras una exitosa etapa en Shanghái, China, y haber sido el rostro de la reconocida marca YSL.
Durante la reciente Semana de la Moda, el modelo probó suerte entre París y Milán, aunque no logró desfilar en esta temporada. «En mi caso, que soy un perfil de pasarela, te toca ir siguiendo la Fashion Week, hacer casting, ver dónde agarrar pega. Lamentablemente, no pude caminar ninguna pasarela esta temporada, porque en Milán hubo poquitas, y en París no logré encontrar una agencia que me representara porque vengo recién llegando», explicó a BioBioChile.
Lejos de rendirse, Jaricch optó por una estrategia proactiva: «Tenía dos opciones: echarme a morir o buscar qué hacer. Por suerte, me invitaron a desfiles, conocí a diseñadores geniales, trabajé vistiendo en desfiles, en las sesiones de fotos, hice editoriales, algunos pequeños trabajos que abren oportunidades. Fui a cada fiesta que pude, cada after party de marcas, cada desfile, para conocer gente y mostrar mi proyecto».
La industria de la moda, según cuenta, es impredecible y está en constante evolución, pero él se niega a doblegarse ante sus imposiciones. «Mil veces me han dicho que debería raparme el pelo, probar con taparme los tatuajes con maquillaje, que así podría estar trabajando más, pero a mí no me interesan las pegas si me van a contratar por eso. No quiero ser un modelo de Shein o de retail. Me interesa hacer cosas bacanes, (no importa) si se demora un poco más y requiere más esfuerzo, hay editoriales que puedo hacer», afirmó, añadiendo que «tengo mucha más seguridad en mi imagen. Ser diferente para mí pasó a ser una ventaja».
Jaricch no ha estado exento de los polémicos estándares físicos del rubro. Revela que, al iniciar su carrera, venía de una vida dedicada al baloncesto, con un físico musculoso. «Cuando entré a la moda, por ejemplo en China, la ropa no me quedaba a veces y era: ‘O pierdes peso, o te mandamos de vuelta’». Si bien estas presiones son comunes en modelos femeninas, también afectan a los hombres.
«Hasta el día de hoy, me pasó en Milán que mi físico está súper bien, funcionaba; llego a París y es la industria donde piden los modelos más flacos del mundo. Me pasó que llegué a un casting y me dicen: ‘Tienes que hacerte fotos con estos pantalones’ y era talla 30 de mujer; yo uso tallas pequeñas, pero esa era muy pequeña y en el closet no había otro pantalón, entonces indirectamente (te dicen) o entras en ese pantalón o no entras en la agencia».
«Por más que uno quiera cambiar la industria, revolucionarla, hay cosas que uno no tiene la capacidad de cambiar», reflexionó sobre las barreras.
Fuera de las pasarelas, la adaptación a la vida parisina ha sido otro desafío. «Está súper romantizado acá; de todas formas, es una ciudad increíble. Yo esperaba que fuera un poquito más cruda, porque es súper difícil, caro y muy competitivo, pero por otro lado, el soñador aquí está en su salsa, porque está lleno de oportunidades. Está lleno de personas buscando su sueño en un todo o nada», contó a BioBioChile sobre su nueva vida en la ciudad de las luces.