La expresidenta de Chile, Michelle Bachelet, encendió las alarmas este miércoles respecto a un “preocupante retroceso” global en los derechos de las mujeres. Según la exmandataria, este fenómeno está directamente vinculado al crecimiento de proyectos políticos de corte autoritario y de ultraderecha que, bajo una “retórica populista”, pretenden debilitar la igualdad y la democracia desde sus propias bases.
Durante su participación en un encuentro de mujeres líderes de América Latina, coordinado por Idea Internacional, Bachelet describió un escenario complejo para las democracias actuales, las cuales sufren una desconexión evidente entre la ciudadanía y las instituciones. La dos veces jefa de Estado (2006-2010 y 2014-2018) señaló que esta desafección es el “caldo de cultivo” ideal para que figuras ‘outsiders’ y proyectos autoritarios ganen terreno.
La erosión del Estado de Derecho
La ex Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, quien se perfila como candidata a la Secretaría General de la ONU, explicó que actualmente existe un tipo de deterioro institucional donde los gobernantes llegan al poder mediante las urnas, pero una vez en el cargo, ejecutan acciones para minar el Estado de Derecho.
“Hoy lo que vemos es que hay gobernantes que son electos, que llegan al poder por el voto, pero una vez allí hacen todo lo posible para erosionar el Estado de Derecho. En los países donde gobierna la ultraderecha no se considera que la igualdad de género es importante; la palabra género está prohibida”
Bachelet enfatizó que estas amenazas no son conceptos abstractos, sino realidades tangibles que incluyen legislaciones regresivas, censura y discursos de odio dirigidos específicamente hacia mujeres, niñas, jóvenes y personas trans. “Ninguna sociedad alcanzará su potencial de desarrollo dejando fuera a la mitad de la población”, sentenció.
Barreras y desafíos en la región
Al analizar el panorama regional, la expresidenta recordó que apenas el 36% de los escaños parlamentarios en América Latina son ocupados por mujeres. Entre las barreras estructurales mencionadas, resaltó la brecha salarial, la carga desproporcionada del trabajo doméstico no remunerado y la violencia política de género digital.
Respecto a los ataques en redes sociales, la política chilena advirtió que “estos ataques están diseñados para deslegitimar a las mujeres, intimidarlas y expulsarlas de la esfera pública”. Pese a este diagnóstico crítico, el cierre de su intervención fue un llamado a cambiar las dinámicas de poder histórico mediante la convicción y el diálogo, asegurando que es posible ejercer la autoridad con firmeza y empatía a la vez.
¿Podrán los liderazgos regionales revertir esta tendencia regresiva en un ciclo electoral marcado por la polarización y el auge de nuevas derechas en el continente?