El expresidente peruano Augusto B. Leguía, quien gobernó de 1908 a 1912 y de 1919 a 1930, utilizó el rechazo hacia Chile como estrategia electoral en su campaña de 1919. Durante ese periodo, prometió a sus electores recuperar los territorios de Tacna, Arica y Tarapacá, aún en disputa con Chile tras la Guerra del Pacífico.
Sin embargo, una vez en el poder, Leguía cambió radicalmente su postura. El mandatario fue clave en la negociación que culminó con la firma del Tratado de Lima de 1929, el cual resolvió definitivamente la controversia territorial entre ambos países. Este giro es analizado por el historiador peruano Iván Millones, docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), en una entrevista.
Millones destaca la habilidad política de Leguía y su pragmatismo para adaptarse a las circunstancias. «Es un político muy hábil (…) va a utilizar el tema de tensiones, rivalidades con Chile en la década de 1910 y concretamente para la campaña de 1919. En la campaña él prácticamente ofrece recuperar Tacna, Arica, Tarapacá», explicó el historiador. Incluso, el militar Andrés Avelino Cáceres, héroe de la Guerra del Pacífico, respaldó la candidatura de Leguía, lo que Millones califica de un «vínculo bien interesante».
La aparente contradicción entre las promesas de campaña y las decisiones de gobierno de Leguía se explica por su perfil político “pragmático”, según Millones. Otro factor relevante fue la creciente influencia de Estados Unidos en la región. Durante su segundo mandato, Perú mantenía estrechas relaciones con Washington y una creciente presencia económica estadounidense, lo que pudo influir en la resolución del conflicto territorial.
“Estados Unidos probablemente también está más interesado en que se solucionen esos conflictos, probablemente por ahí va el cambio de actitud, teniendo en cuenta que Leguía tiene muy buenas relaciones con EEUU”.
Iván Millones, historiador.
El historiador subraya que las relaciones entre Perú y Chile han sido complejas a lo largo de la historia, con periodos de tensión y cooperación. No es posible, afirmó Millones, identificar un momento específico en que surgió un sentimiento de rechazo, ya que la dinámica binacional es fluida. El estudio de este periodo, según Millones, permite entender cómo los sentimientos nacionales pueden ser instrumentalizados en la política para ganar apoyo popular, aunque las decisiones de Estado puedan tomar un rumbo diferente una vez asumido el poder.