Récord de visitas: la exposición de Guillermo Lorca cautiva en Barcelona

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Las obras del pintor chileno Guillermo Lorca, en particular su exposición “La casa de arena” en el Museu Europeu d’Art Modern (MEAM) de Barcelona, están atrayendo a miles de visitantes europeos, registrando un récord de asistencia y la posibilidad de extender su duración.

Lorca, nacido en Santiago en 1984, recibe elogios constantes de artistas y público en general. Durante una visita al museo, varios asistentes se acercaron para felicitarlo, pedir autógrafos o comentar sus obras, demostrando el impacto de su trabajo a nivel internacional.

La exposición, que reúne cerca de quince años de su trayectoria, se aloja en el Palau Gomis, un edificio del siglo XVIII en el Born de Barcelona. El ambiente histórico del lugar enmarca perfectamente los óleos del artista chileno.

El reconocimiento internacional de Lorca no es nuevo en Barcelona; en 2022, su muestra individual “Esplendor de la noche” se exhibió en el Moco Museum, donde sus pinturas de gran formato comparten espacio con artistas de la talla de Andy Warhol y Jean-Michel Basquiat.

El pintor, que divide su tiempo entre varios países e intenta volver a Chile dos veces al año para mantener sus lazos familiares y de amistad, expresa su agrado por este reconocimiento, aunque prefiere la tranquilidad que le ofrece Barcelona, donde su obra es más conocida que su rostro.

Fuera de su taller, Lorca busca compensar la soledad de su trabajo a través de actividades sociales y deportivas, como el gimnasio y el pádel, ya que valora la compañía como una forma de descanso. Además, se interesa por el cine.

La mitología y las criaturas fantásticas son una constante en sus pinturas, aunque no todas provienen de relatos clásicos. Destaca el papel de los gansos, animales que considera de un cuerpo bello pero con un comportamiento territorial, asociándolos a los cuentos de hadas y la iconografía campestre.

Su conexión con el mundo animal se remonta a la infancia, cuando pasaba los veranos en el campo de su abuelo cerca de San Carlos, donde convivía con cerdos y vacas. Más allá de lo visual, recuerda intensamente los olores de los animales y las duras experiencias de verlos morir.

Curiosamente, de niño, Lorca dibujaba criaturas que nunca había visto en persona, como dinosaurios y dragones, una obsesión que se profundizó tras ver Jurassic Park cuatro veces. Las figuras humanas comenzaron a aparecer en su arte mucho más tarde, cuando a los 16 años empezó a practicar dibujo con disciplina, planteándose por primera vez la posibilidad de una carrera artística, dejando atrás ideas como Ingeniería Comercial o Arquitectura.

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