Residentes de la Población Escuela de Minas, uno de los barrios históricos de La Serena, han denunciado un aumento de la inseguridad y la presunta comercialización de estupefacientes en inmuebles identificados. Los vecinos, quienes pidieron resguardar sus identidades por temor a represalias, reportan constantes hechos de violencia, amenazas y daños a vehículos, además de una respuesta policial que consideran insuficiente.
La población, surgida en los años 40 y 50 bajo el Plan Serena, ha visto deteriorarse su tranquilidad en los últimos años. Una vecina con 73 años de residencia en el sector, lamentó: “antes era muy tranquilo aquí, pero desde hace dos o tres años vemos cada vez más personas que viven bajo el puente y en el Parque Gabriel Coll, quienes vienen constantemente a comprar drogas”.
Según los testimonios de los vecinos, Carabineros y la PDI han realizado operativos en dos casas señaladas, ubicadas específicamente en el pasaje Simpson. Sin embargo, los detenidos suelen regresar al día siguiente. Otro residente, con 74 años en el barrio, expresó: “aunque nos reunimos con Carabineros, sentimos que no se está respondiendo a las necesidades de nuestra población, que además está compuesta principalmente por adultos mayores”.
La situación se agrava con la presencia de individuos que, bajo los efectos del alcohol, amenazan con represalias a quienes denuncian. Un vecino, que vive hace 20 años en la zona, relató que “en un par de ocasiones, uno de ellos salió con un arma a golpear puertas durante la madrugada”. Además, enfatizó que no existe un solo punto de venta, mencionando también transacciones en “pasajes más abajo” y durante las noches en estacionamientos y la feria.
Los habitantes de Escuela de Minas, a pesar de reconocerse como un sector emblemático del casco histórico, aseguran no poder vivir con tranquilidad. “Todas las semanas hay gritos y personas que se agreden con cuchillos”, afirmó uno de ellos. También mencionan que la Plaza de Abastos, el canal y el puente son puntos de reunión para grupos que, si bien les permiten el paso por conocerlos, convierten el área en un “gueto” para forasteros.
Otro vecino con 30 años en la población, subrayó que los problemas ocurren tanto de día como de noche, con personas golpeando puertas e intentando abrir vehículos, especialmente en días de feria y por la cercanía con los “rucos del Parque Coll”. La percepción general es que la presencia policial y de Seguridad Ciudadana es escasa y poco efectiva, sin lograr resultados visibles.
Finalmente, otra habitante, con 30 años de residencia, criticó la demora en la respuesta de las autoridades: “pueden llamar diez vecinos y Carabineros llega cerca de dos horas después. En ocasiones pasan, observan lo que está ocurriendo y ni siquiera se detienen”. Los vecinos instan a las autoridades a investigar la propiedad de las viviendas utilizadas para estas actividades ilícitas.