La excesiva contaminación sonora provocada por vehículos y motocicletas, que ha cobrado relevancia pública, debe ser abordada más allá de una simple molestia vecinal. Desde una óptica sanitaria, esta situación representa un grave desafío para la salud pública, requiriendo una intervención seria y urgente.
El Ministerio del Medio Ambiente reconoce el tránsito terrestre como la principal fuente de ruido en ciudades de Chile, impactando a millones de personas diariamente. La ciencia demuestra que la exposición constante a ruidos elevados genera más que solo daños auditivos.
Se vincula directamente con problemas como alteraciones del sueño, estrés crónico, hipertensión y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares. Además, existen evidencias de sus efectos negativos en funciones cognitivas, aprendizaje en niños y el deterioro progresivo de la salud mental y el bienestar general.
Grupos como niños, adultos mayores, personas con enfermedades crónicas y quienes viven cerca de avenidas con alto tránsito son los más expuestos. En la infancia, el ruido nocturno interrumpe el descanso y la recuperación física, mientras que en colegios afecta la concentración y el rendimiento académico.
La Organización Mundial de la Salud recomienda limitar la exposición promedio al ruido vial a menos de 53 dB Lden para proteger la salud comunitaria. En Chile, existe una valiosa oportunidad de progreso.
A finales de 2025, los ministerios de Medio Ambiente y de Transportes y Telecomunicaciones iniciaron la revisión de la normativa de emisión de ruido para vehículos automotores, con énfasis especial en motocicletas y el mejoramiento de los mecanismos de control.
La respuesta institucional no puede limitarse a sancionar casos aislados. Es crucial fortalecer la fiscalización en calles y plantas de revisión técnica, controlar las modificaciones ilegales en escapes, implementar mediciones objetivas estandarizadas y, sobre todo, educar a la ciudadanía sobre el verdadero impacto sanitario del ruido.
Debemos entender que el derecho a circular no da licencia para contaminar acústicamente el espacio común. Así como la sociedad ha comprendido los efectos de la contaminación atmosférica, es fundamental integrar el ruido ambiental bajo la misma óptica preventiva. Una ciudad más silenciosa no solo es más agradable, sino también mucho más saludable.
Dr. Luis Jaime Gaete, Vicedecano Facultad de Salud Universidad Autónoma de Chile y Mg. Esteban Valenzuela Vásquez, Director Carrera de Fonoaudiología Universidad Autónoma de Chile.