Sonreír a los perros: estudio revela activación cerebral por recompensa

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Un reciente estudio de la Universidad de Viena, en Austria, ha revelado cómo el cerebro de los perros procesa las expresiones faciales humanas. La investigación ofrece una nueva perspectiva sobre la biología detrás de la extraordinaria capacidad canina para entender nuestras emociones, mostrando una reacción específica ante las sonrisas.

Para el estudio, 14 perros fueron sometidos a un escáner cerebral mientras se les mostraban imágenes de diversas expresiones humanas. Los resultados destacaron que las sonrisas activan una región cerebral única en los perros, vinculada directamente con la recompensa, similar a la respuesta que obtienen al recibir premios o elogios. Esta zona se ubica en la corteza temporal y el núcleo caudado.

Raúl Hernández-Pérez, primer autor del estudio, enfatizó la importancia de investigar el cerebro de los perros para comprender las adaptaciones evolutivas que les permiten una notable comprensión social y emocional de los humanos.

“Hallar esta respuesta fue especialmente interesante porque los perros estaban mirando fotografías de personas totalmente desconocidas, lo que sugiere que los rostros felices podrían tener un valor afectivo positivo para ellos”, planteó Laura Cuaya, investigadora de la Universidad de Viena y coautora del estudio, en declaraciones a Agencia Sinc.

Además de las sonrisas, el estudio demostró que los perros también pueden diferenciar entre expresiones faciales negativas como la tristeza, la ira o el miedo. Se identificaron patrones cerebrales distintos para estas emociones, lo que representa la primera evidencia de que los canes pueden distinguir expresiones faciales negativas específicas.

A pesar de esta habilidad, los científicos aclaran que la percepción de las emociones no significa que los perros las experimenten de la misma manera que los humanos. A diferencia de las personas, los perros también obtienen información crucial a través del olfato, complementando su comprensión del lenguaje corporal y los matices vocales.

“Cuando comparamos a los humanos con los primates, analizamos habilidades que podrían provenir de un ancestro común. Con los perros, la historia es completamente diferente. Siguieron una trayectoria evolutiva muy distinta, pero, gracias a la domesticación, desarrollaron las habilidades sociales necesarias para comprendernos y cooperar con nosotros”, añadió Cuaya.

Es fundamental considerar las limitaciones del estudio, como el hecho de que todos los perros participantes provenían de familias con entornos cariñosos. Los investigadores sugieren que los resultados podrían variar significativamente en perros callejeros o aquellos que viven en libertad, dado que su historial de interacción con humanos es muy diferente. La plasticidad cerebral de los perros les permite adaptarse a las condiciones de su entorno, lo que podría influir en cómo procesan las expresiones humanas.

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