Un hombre, víctima del primero de los tres violentos robos que culminaron con el trágico asesinato de Alejandro Águila, un niño de 12 años en una encerrona, expresó su profundo lamento por no haber actuado de otra manera. Reflexiona si una acción adicional de su parte en el servicentro de San Bernardo pudo haber evitado el fatal desenlace que enluta a una familia.
El chofer relató que, al ser abordado, lo principal fueron amenazas para que descendiera del vehículo y entregara las llaves. Mientras intentaba sostener la puerta, fue sorprendido. “En esa situación, vehículo detenido, yo más concentrado en el teléfono que en el entorno, mucha reacción no tuve”, recordó. Una vez que lograron abrir la puerta, los delincuentes le arrojaron una cadena dentro del automóvil.
Posteriormente, al ser bajado de su auto, le quitaron la billetera y las llaves. Describió a uno de los antisociales, aparentemente L.M.N.E. —quien quedó en prisión preventiva tras ser formalizado— como “el más violento y el más pequeño”. Añadió que era “el único a cara descubierta, rostro descubierto, fue el único que en todo momento amenazó, cuchillo en mano; se obsesionó con los accesorios, ya sea anillo, aro”.
El hombre manifestó su consternación: “Eso fue lo más llamativo, lo más lamentable, que al fin y al cabo le importaba más un aro que hoy en día te sale $100 mil que una vida de un menor”. Tras el robo con intimidación, pidió un teléfono para bloquear sus tarjetas de crédito y avisar en su hogar sobre su ubicación, ya que se dirigía desde su domicilio a Renca.
Al comenzar a usar un celular antiguo, recibió a través del correo electrónico direcciones de dónde podría estar su teléfono robado. Fue en este contexto que llegó a avenida Portales, donde se encontró con el vehículo rojo de la familia de Alejandro.
Cuando arribó al sector de la calle General Urrutia, observó un amplio contingente policial, con patrullas y un helicóptero. Al identificarse como dueño del vehículo, Carabineros le respondió: “Es que no te puedes acercar porque lo tienen que periciar. Está vinculado a un asalto con homicidio”.
Al comprender que un menor de edad estuvo involucrado en los hechos, se quedó con la angustiosa sensación de haber podido hacer algo más. Se cuestiona si forcejear con los antisociales habría evitado el desarrollo de los acontecimientos. “Era un niño y, de la manera que ocurrió todo, en el fondo nadie lo merece”, expresó visiblemente afectado.
La víctima aludió a la importancia de actuar con tranquilidad en este tipo de casos, considerando la cantidad de asaltantes armados, que su vehículo estaba asegurado y que, en cuanto a los accesorios robados, “lo material va y viene”. “Al fin y al cabo, si van a hacer esto, háganlo pero sin dañar a los demás. ¿Dónde están los códigos? Antes, literal, la gente no sufría esto. A lo más ya era un robo, pero no te intimidaban, no tenías en mente que te iban a matar, a lo más el susto, pero así como tener miedo y ahora imagínate lo que desencadenó todo”, acotó.
A pesar de mantenerse tranquilo, la víctima se plantea la duda “de qué hubiera pasado si 5 segundos más hubieran estado en la bencinera, forcejeado un poquito más. Yo creo que pudo haber cambiado el destino de esa noche”. Por su parte, el individuo afectado señaló que espera justicia, principalmente por lo ocurrido con el niño, y afirmó que el personal policial hizo su trabajo, quedando ahora la parte del Poder Judicial.
La víctima también indicó que, una vez la situación se hizo mediática hasta el mediodía del martes y durante el proceso de denuncia del robo, recibió llamadas de números extranjeros y nacionales vinculados a cárceles. “Estaban tratando de estafar, a cambio de una recompensa de un monto aunque sea mínimo, los que se autodenominaban como ser partícipes del Tren de Aragua o una cooperación, aunque fuera baja, pero como para rendirle un tributo”, detalló, lo que añade otra capa de violencia a su experiencia.