Crianza y pantallas: el desafío de educar con el ejemplo frente a la dependencia tecnológica infantil

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La inminente llegada de Toy Story 5, una saga elogiada por sus mensajes sobre amistad, lealtad y crecimiento, nos confronta ahora con una preocupación actual: la creciente dependencia de los niños a la tecnología. Cada vez son más los menores que priorizan las pantallas por sobre el juego libre, la imaginación y la interacción social.

Esta situación no es casual. La tecnología moderna está diseñada intencionalmente para captar la atención de los usuarios y generar dependencia, un fenómeno que afecta especialmente a la población infantil. El impacto es visible en la disminución del juego espontáneo y la creatividad.

La conmemoración del Orgullo Autista este mes invita también a una reflexión profunda sobre la infancia. Bernardita Milad, abogada y Magíster en Derecho Público, comparte su experiencia como madre de un niño autista, destacando el tiempo invertido en salas de espera, terapias y el aprendizaje constante para acompañar a su hijo.

Milad enfatiza la importancia de validar la identidad y la forma única de ver el mundo de cada niño. Su vivencia le ha enseñado que acompañar no es solo ayudarles a desenvolverse, sino también cuestionar el entorno que los adultos construyen para ellos.

Acompañar a un niño no consiste sólo en ayudarlo a desenvolverse en el mundo; también implica preguntarnos qué tipo de mundo estamos construyendo nosotros, como adultos, para nuestros hijos.

La abogada subraya una verdad fundamental: los hijos son, a menudo, un reflejo directo de sus padres. Aprenden más observando que escuchando. Si los adultos permanecen constantemente conectados al celular, revisando mensajes durante las comidas o ignorando a los niños por una pantalla, están transmitiendo un mensaje claro.

Reconoce que, en ocasiones, todos recurrimos a las pantallas para trabajar, avanzar o simplemente tener un momento de respiro. Sin embargo, esto no busca culpar ni juzgar, sino invitar a la reflexión sobre el pasado.

Nuestra generación tuvo el privilegio de crecer jugando en la calle, forjando amistades en el barrio e inventando mundos. Fue una infancia marcada por la libertad y la nostalgia, experiencias que hoy parecen distantes para muchos niños.

Es vital no perder la esencia de lo importante. Se debe permitir que los niños sigan siendo niños: que jueguen, creen, imaginen, exploren y compartan con otros, respetando siempre su manera singular de habitar el mundo. Como adultos, tenemos la tarea ineludible de aprender a soltar el celular en el ámbito familiar.

Es fundamental mostrar con el ejemplo que las prioridades están definidas y que el tiempo dedicado a los hijos debe ser siempre lo primero, reafirmando el valor de la conexión real sobre la digital.

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