La reciente salida de la diplomática Manahi Pakarati de la Cancillería ha escalado en cuestionamientos hacia el Ejecutivo. La medida, justificada por el Gobierno como una pérdida de confianza, ocurre pocos meses después de que la funcionaria fuera trasladada de su rol en Wellington —en enero de este año— a la División de las Culturas, las Artes, el Patrimonio y la Diplomacia Pública del Ministerio de Relaciones Exteriores.
¿Por qué se cuestiona la salida de una diplomática de carrera? La polémica se centra en la trayectoria de Pakarati, quien cuenta con casi tres décadas de experiencia. La remoción se habría gatillado tras el respaldo público que la diplomática, de origen Rapa Nui, entregó a la idea de un autogobierno para la zona insular, lo que finalmente marcó un punto de inflexión en su permanencia institucional.
Reacciones políticas y dudas sobre el proceso
El mundo diplomático y legislativo no ha quedado indiferente ante la decisión. El excanciller Juan Gabriel Valdés fue uno de los primeros en advertir que la desvinculación representa un daño directo para la Cancillería, considerando el capital profesional y la vasta experiencia de la diplomática afectada.
Desde el Congreso, la diputada del Frente Amplio e integrante de la Comisión de Relaciones Exteriores, Coca Ñanco, arremetió contra los argumentos del Ejecutivo. La parlamentaria puso en duda que la razón real sea una pérdida de confianza técnica o política.
Cuando las explicaciones no aparecen, es legítimo cuestionar si estamos ante una verdadera pérdida de confianza ante la necesidad de despejar un cupo para intereses políticos o también ante una acción que constituye discriminación racial y de género.
La diputada Ñanco enfatizó que ante la falta de detalles sobre los hechos específicos que originaron la salida, el Gobierno debe aclarar si existen motivaciones ocultas tras el fin de una trayectoria de casi treinta años en el servicio exterior.
El debate entre confianza política y carrera diplomática
El caso de Manahi Pakarati ha reabierto un debate necesario sobre los límites de la confianza presidencial. Aunque desde la Cancillería sostienen que los embajadores son cargos de exclusiva confianza del Presidente de la República, diversos sectores advierten sobre la fragilidad que esto impone a la estabilidad de los funcionarios de carrera.
Hasta el momento, el Ejecutivo no ha profundizado en los motivos específicos que dieron origen a la resolución. Esta falta de transparencia mantiene la tensión latente, mientras se espera que el caso siga siendo discutido en la Comisión de Relaciones Exteriores, buscando determinar si este precedente afectará futuras designaciones o la autonomía de los diplomáticos en temas sensibles para el Estado.