TOC severo: la lucha de Emily Newcombe con rituales de horas

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Vivir con trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) puede significar una lucha constante contra la propia mente. Este es el caso de Emily Newcombe, una ciudadana inglesa que pasó gran parte de su vida ocultando una condición que, según los especialistas, afecta a entre el 1% y el 2% de la población mundial. Lo que muchos confunden con manías, para ella se convirtió en un calvario paralizante que destruyó sus relaciones personales y su capacidad para trabajar.

¿Qué es el TOC y por qué es tan invalidante?

De acuerdo con la Fundación Internacional del Trastorno Obsesivo-Compulsivo, esta afección de salud mental se define por un ciclo repetitivo de obsesiones, que son pensamientos o imágenes intrusivas que generan angustia, junto a rituales destinados a calmar esa ansiedad. Estas conductas consumen al menos una hora diaria, impactando gravemente el bienestar de quien las padece. Emily Newcombe experimentó síntomas desde su infancia, pero no fue diagnosticada formalmente hasta los 30 años. Fue entonces cuando comprendió que sus actos no eran mero perfeccionismo, sino una patología severa.

Uno de sus recuerdos más marcadores ocurrió durante una Navidad, cuando pasó horas ordenando su habitación. Tras el movimiento involuntario de su cubrecama por un familiar, sufrió una crisis histérica. En su etapa escolar, el comportamiento de Emily desconcertaba a sus pares debido a que alineaba constantemente sus mochilas y agendas. Incluso, los guardias de supermercados solían seguirla por su extraña forma de caminar, moviéndose hacia adelante y atrás con balanceos de cabeza.

La vida bajo rituales: 4 horas para salir de casa

La adultez trajo consigo una profunda vergüenza. Emily recuerda cómo debía preparar las bebidas en un bar mientras sus citas iban al baño, incapaz de sentarse si la mesa no estaba perfectamente enderezada.

«Era vergüenza. Una humillación», admite la mujer al referirse a la necesidad compulsiva de completar rituales antes de cualquier interacción social.

Sus crisis se volvieron tan agudas que llegó a demorar hasta cuatro horas simplemente para abandonar su casa, obligada a repetir pasos o revisar cerraduras una y otra vez. Lo mismo ocurría al conducir, donde debía ajustar el cinturón de seguridad constantemente o dar vueltas en rotondas hasta sentir que «todo estaba bien».

Crisis y futuro del tratamiento

El impacto familiar fue devastador. Su madre recuerda cómo debía mostrarle por FaceTime que la puerta de su habitación estaba cerrada antes de salir, ante la imposibilidad de Emily de controlar sus miedos. En 2024, la situación alcanzó un punto crítico al ser internada en un hospital psiquiátrico, dado que ya no podía ducharse ni ir al baño sin quedar atrapada en rituales de horas. Actualmente, Emily Newcombe se encuentra bajo terapia cognitivo-conductual. A pesar de los esfuerzos, sigue enfrentando compulsiones extremas que la llevan a estar de pie hasta 14 horas realizando el mismo ritual, lo cual le genera serias lesiones en sus extremidades. Ella lo explica con una frase contundente: «Tengo la sensación de que si no hago esto, no es que vaya a morir yo o mi familia, sino que el mundo cambiará en sus dimensiones». Hoy, su desafío es aprender a gestionar estos impulsos en un proceso largo y complejo hacia la recuperación.

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