Peter Thiel en Chile y Argentina: el trasfondo de sus reuniones

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El reciente paso de Peter Thiel, cofundador de Palantir Technologies, por el Cono Sur ha estado marcado por un hermetismo inusual. En Buenos Aires, durante su visita a la Casa Rosada para reunirse con el presidente Javier Milei y miembros de su gabinete, se impidió el acceso a la prensa bajo la excusa de que un cronista utilizó anteojos Ray-Ban Meta para registrar los pasillos. El magnate llegó a Argentina acompañado de su familia y una inversión proyectada de 12 millones de dólares para adquirir una propiedad en el exclusivo barrio de Barrio Parque.

La opacidad de una gira regional

La hoja de ruta de Thiel incluyó diversos encuentros de alto nivel. Tras su paso por Argentina, cruzó a Chile para entrevistarse con el excandidato presidencial Johannes Kaiser y el arquitecto del Código Minero, José Piñera, además de una supuesta reunión con José Antonio Kast. En Paraguay, fue recibido formalmente por el presidente Santiago Peña, mientras que en su visita a Brasil el 1 de mayo no dejó registros públicos de su actividad.

Para entender el peso de estas reuniones, es necesario observar la naturaleza de Palantir. Fundada en 2003 con capitales de In-Q-Tel, el fondo de la CIA, la compañía —cuyo nombre alude a las esferas de visión de El Señor de los Anillos— integra enormes volúmenes de datos para la toma de decisiones. Con ingresos superiores a los 4.475 millones de dólares en 2025, sus clientes incluyen gobiernos como el de Estados Unidos, Israel, Ucrania, Reino Unido y Arabia Saudita.

El riesgo de la vigilancia masiva

Ariel Garbarz, ingeniero en electrónica y experto en IA, advierte sobre las implicaciones de esta tecnología en el Estado. Según el especialista, Palantir busca integrarse en los sistemas nerviosos estatales, desde energía y datos hasta seguridad y justicia.

El riesgo no es solamente que te espíen. Es que el Estado entregue a una empresa privada estadounidense la capacidad de integrar, cruzar, perfilar, predecir y recomendar decisiones sobre toda la población. El ciudadano deja de ser sujeto de derechos y pasa a ser un objeto de cálculo.

Otro aspecto crítico señalado por Garbarz es el consumo energético. Un data center de IA de 500 megavatios requiere una cantidad de electricidad equiparable al consumo anual de 500.000 hogares argentinos. Esta necesidad energética explicaría la convergencia de intereses del magnate: su empresa Crusoe opera en Vaca Muerta, su Founders Fund invierte en energía nuclear y existen reportes de presiones para desplazar financiamiento chino en ARSAT a favor de capitales estadounidenses.

Precedentes y el caso de Ecuador

Mariela Belski, de Amnistía Internacional Argentina, subraya que Palantir tiene un historial controvertido en el uso de sus plataformas, implicadas en vigilancia discriminatoria en Estados Unidos y cuestionadas en Alemania por violar el derecho a la autodeterminación informativa. En 2024, la empresa también formalizó una asociación estratégica con el Ministerio de Defensa de Israel.

Para el caso de la región, Ecuador funciona como el globo de ensayo. Bajo la fachada de modernización aduanera, la plataforma ha comenzado a escalar a otras áreas del Estado. En Chile, la marca ya fue registrada formalmente. Mientras el diputado Gonzalo Winter ha oficiado a Presidencia para aclarar los alcances de los contactos con Thiel, la interrogante persiste: ¿están los países sudamericanos entregando su soberanía de datos a una caja negra privada bajo la excusa de la seguridad?

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