La Flotilla Global Sumud, que buscaba entregar ayuda humanitaria en Gaza, se encuentra en el centro de una fuerte polémica internacional. Participantes de diversas nacionalidades, liberados esta semana tras ser interceptados en aguas internacionales, han denunciado haber sido víctimas de torturas, violencia física y privación de agua mientras permanecieron bajo custodia israelí.
Las acusaciones apuntan a condiciones extremas durante las 80 horas de detención que vivieron unos 428 activistas. Entre ellos, un grupo de 11 australianos logró relatar su experiencia tras llegar a Estambul, Turquía, el punto de traslado tras ser puestos en libertad.
Testimonios de violencia y privación
El activista australiano Zack Schofield fue uno de los más críticos al narrar lo sucedido en prisión. Según declaró a la cadena ABC, el grupo sufrió condiciones inhumanas constantes:
Muchos de nosotros no hemos comido durante días. Nos negaron agua durante dos días. Los detenidos fueron llevados a prisión y tratados realmente mal.
Schofield aseguró haber sido testigo directo de agresiones, incluyendo el caso de un hombre “que parecía árabe”, quien fue apuntado por un soldado y trasladado a un contenedor de carga donde presuntamente fue torturado. Además, denunció que, ante las quejas de los presentes, las fuerzas israelíes respondieron abriendo fuego, buscando, a su juicio, “una excusa para infligir violencia”.
La postura de Israel frente a las denuncias
Por su parte, el embajador de Israel en Australia, Hillel Newman, negó categóricamente todas las acusaciones. En declaraciones a ABC, el diplomático enfatizó que “nadie de las más de 400 personas que iban en la flotilla resultó herido”. Newman desestimó los testimonios al calificarlos como acusaciones que “no son ciertas”, intentando restar peso a las críticas internacionales que surgieron tras la difusión de imágenes del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, burlándose de los detenidos mientras ondeaba una bandera israelí.
Activistas surcoreanos relatan abusos
El conflicto también ha repercutido en Asia, donde dos activistas surcoreanos, Kim Ah-hyun y Kim Dong-hyeon, fueron expulsados y regresaron a Corea del Sur este viernes. Tras aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Incheon, la agencia Yonhap reportó sus denuncias: Kim Ah-hyun afirmó haber recibido un golpe en el rostro que le dejó secuelas auditivas, mientras que Kim Dong-hyeon describió la experiencia como una “violencia insoportable” y denunció actos de tortura.
La situación ha escalado al plano político en Seúl. El presidente Lee Jae-myung calificó el abordaje como un “acto inhumano que sobrepasa todos los límites”, sugiriendo que su país debería alinearse con las naciones europeas que han manifestado su disposición a detener a Benjamin Netanyahu si este pisa su territorio, en base a la orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional. Por ahora, mientras las autoridades israelíes mantienen su postura, la comunidad internacional observa expectante si estas denuncias derivarán en una investigación formal sobre los protocolos aplicados durante la interceptación.