El volcán Nevado de Longaví, localizado en la Región del Maule, encendió las alertas este miércoles tras la detección de dos eventos sísmicos. El fenómeno fue monitoreado por el Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur (OVDAS), cuyos equipos técnicos confirmaron que los movimientos están asociados a procesos de fracturamiento de roca, una dinámica catalogada como actividad volcano-tectónica.
Según los datos entregados por el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), el primer sismo ocurrió a las 07:22 horas, alcanzando una magnitud local de 3,1 a una profundidad de 3,6 kilómetros. Solo doce minutos más tarde, a las 07:34 horas, se registró un segundo evento de mayor intensidad, que marcó 4,3 grados en la escala de magnitud local y una profundidad de 3,8 kilómetros.
¿Cuál es el estado actual del macizo?
Ambos eventos quedaron oficialmente registrados en un Reporte Especial de Actividad Volcánica (REAV). Desde el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred), confirmaron que al momento del reporte la actividad volcano-tectónica persistía en el macizo. Pese a este escenario, las autoridades han mantenido la alerta técnica en nivel verde para el volcán.
Esta clasificación indica que el volcán se encuentra en un estado de reposo o estabilidad relativa. No obstante, el Sernageomin advierte que esto no excluye la posibilidad de que se presenten sismos adicionales, emisiones fumarólicas u otras manifestaciones superficiales en las cercanías del centro de emisión.
El organismo indicó que realiza vigilancia constante del volcán en coordinación con Senapred “para alertar oportunamente y dar adecuada respuesta ante eventuales situaciones de emergencia producto de la condición volcánica”.
El Sernageomin fue enfático al señalar que, aunque el nivel de alerta sea verde, este tipo de registros podría derivar en una eventual erupción en plazos que podrían extenderse durante meses o incluso años. Por esta razón, el monitoreo especializado del Nevado de Longaví se mantendrá activo de forma permanente para proteger a las comunidades cercanas ante cualquier cambio en el comportamiento del macizo.