Un crimen que estremeció a Pudahuel
El nombre de Benjamín Bordillo Catrimán ha marcado la crónica roja reciente. Con apenas 21 años, se convirtió en el ideólogo de un doble homicidio ocurrido en septiembre de 2023 en la comuna de Pudahuel, Región Metropolitana. Las víctimas, identificadas como Bernarda Morales y su pareja Arturo Zúñiga, fueron torturadas y asesinadas tras una disputa vinculada al microtráfico.
El caso, que conmocionó al país por la brutalidad de los hechos, incluyó acusaciones de canibalismo. Según la investigación, Bordillo se apropió de un inmueble, obligando al dueño original a trasladarse a una habitación secundaria donde se llevaron a cabo los crímenes. Meses después, una llamada telefónica clave de 20 minutos expuesta por Reportajes T13 permitió a la familia de las víctimas conocer el fatídico desenlace.
El perfil de un líder violento
Las pericias psiquiátricas presentadas durante el juicio describieron a Bordillo como una persona con un marcado perfil antisocial y una alta tendencia a la heteroagresividad. En su entorno, era conocido como el jefe de la banda, un sujeto impredecible que imponía respeto mediante el uso de armas de fuego y la violencia física, incluso contra quienes compartían la vivienda tomada.
El móvil del asesinato, según los antecedentes, fue una venganza. Zúñiga habría hurtado un paquete de droga perteneciente a la banda, lo que desató la furia de Bordillo. El abogado de la familia de las víctimas, Aldo Duque, explicó que el crimen fue una forma de asentar su poder en el sector: «Todo aquel que se enfrenta conmigo, a su vez se enfrenta a esto», habría sido el mensaje detrás del horror.
La condena y la verdad sobre el supuesto canibalismo
Los restos de las víctimas fueron hallados dos meses después del homicidio a un costado de la Ruta 68. Tras un exhaustivo proceso judicial, los cuatro implicados fueron declarados culpables de los delitos de doble homicidio, secuestro, tortura, además de inhumación y exhumación ilegal. La fiscal Paulina Díaz aclaró que, aunque se habló de canibalismo, la prueba antropológica determinó que hubo intervención canina, es decir, que parte de los cuerpos fueron entregados a un perro.
La justicia fue implacable: tres de los adultos, entre ellos Benjamín Bordillo, fueron sentenciados a presidio perpetuo calificado, lo que significa que solo podrán optar a beneficios tras cumplir 40 años de reclusión. Por su parte, la única mujer del grupo, quien era pareja de Bordillo y menor de edad al momento del crimen, recibió una condena de cinco años en régimen cerrado y cinco años adicionales en sistema semiabierto.