Científicos chilenos lanzaron una advertencia crítica sobre la salud de los ecosistemas marinos del extremo sur: una especie invasora está colonizando los extensos bosques de algas de la Patagonia chilena. Estos hábitats, dominados por el Macrocystis pyrifera —conocido popularmente como huiro o kelp—, son fundamentales para la captura de carbono, cumpliendo un rol comparable al de la Amazonía en la mitigación del cambio climático.
La amenaza de la anémona invasora
La alerta fue difundida este miércoles tras los hallazgos de las primeras expediciones lideradas por la Fundación Rewilding Chile. El equipo científico ha detectado la presencia de la anémona Metridium senile, un organismo de color blanco y apariencia esponjosa que habitualmente reside en las aguas frías del Atlántico y el Pacífico norte.
Mathias Hüne, director del programa marino de la Fundación Rewilding Chile, explicó que la expansión de esta especie es acelerada y está provocando una disminución directa en el hábitat del huiro. De hecho, los investigadores documentaron un caso alarmante: la desaparición total de un bosque de algas que había sido registrado mediante imágenes satelitales hace apenas dos años.
¿Cómo llegó esta especie a Chile?
El diagnóstico de los expertos apunta a la actividad marítima como principal vector de propagación. Se estima que la anémona llegó involuntariamente al país a través del agua de lastre de los barcos que operan en la zona, un área caracterizada por una intensa actividad salmonera.
La importancia del huiro en la Patagonia
A diferencia de otras regiones del mundo, como el sur de Australia, donde se reporta la desaparición de hasta el 90% de sus bosques de kelp, los de la Patagonia chilena se habían mantenido intactos hasta ahora. El huiro es una de las especies con mayor velocidad de crecimiento en el planeta, expandiéndose hasta 30 veces más rápido que las plantas terrestres.
Para profundizar en este fenómeno, el equipo científico contempla un total de seis expediciones. El plan de trabajo incluye recorrer más de 1.200 kilómetros de costa, cubriendo el trayecto que se extiende desde el golfo del Corcovado hasta el Cabo de Hornos para caracterizar el estado actual de estos valiosos bosques submarinos.