Javiera Vallejo, hermana de la exministra Camila Vallejo, expresó su profunda preocupación ante las rebajas de condena otorgadas a individuos sentenciados por delitos sexuales contra menores y por crímenes ocurridos durante la dictadura. A través de una carta publicada en The Clinic, Vallejo cuestionó la tranquilidad que estas decisiones judiciales arrebatan a las víctimas y la posibilidad de reencontrarse con sus agresores.
La autora recuperó un testimonio personal redactado años atrás, donde detalló haber sufrido violencia sexual desde los seis años. Esta dolorosa vivencia la llevó a criticar la deficiente respuesta social en términos de acompañamiento y reparación. En su escrito, sentenció:
Una y otra vez la sociedad que habitamos castiga a las víctimas.
Bajo el título “¿Qué será de mi violador?”, la carta narra un reciente encuentro inesperado con su agresor. “Hace unos meses vi a mi violador. Parado en mi calle, frente al portón de entrada a mi edificio. No supe qué decirle”, relató, explicando que la violencia se prolongó por años durante su infancia.
El reencuentro reabrió interrogantes que la han acompañado por más de tres décadas: si su agresor recordaba lo sucedido, si existía arrepentimiento, y la posibilidad de volver a cruzarlo en la vida cotidiana. Vallejo vinculó estas preguntas a la actual crisis del Gobierno por las decisiones del Ministerio de Justicia sobre beneficios carcelarios.
La autora diferenció entre las víctimas que no tienen información sobre el paradero de sus agresores y aquellas que tenían la certeza de que estos cumplían condenas de cárcel. “Sabían que estaban condenados, con privación de libertad”, señaló, destacando la pérdida de esa seguridad cuando los responsables recuperan la libertad y pueden volver a coexistir con quienes violentaron.
Vallejo también equiparó las secuelas de la violencia sexual infantil con las de la tortura, reconociendo hoy un punto en común en la incertidumbre y el temor de las víctimas. Su crítica no se limita a las decisiones judiciales, sino que abarca la respuesta social hacia quienes han padecido violencia y la expectativa de que sean las víctimas quienes perdonen.
La verdad es que creo que el perdón no es asunto de las víctimas, como la humildad no es asunto de la pobreza.
La carta concluye afirmando que “la sociedad en la que vivo no se abre al reconocimiento, no ejecuta la reparación, no ejerce la compañía”. Esta publicación surge en medio de cuestionamientos por los 56 decretos de rebaja de condena otorgados a sentenciados por delitos sexuales contra menores, y su principal argumento se centra en el miedo de las víctimas y la urgencia de una respuesta que garantice su protección y reparación.