Chile experimenta una marcada disminución en su tasa de natalidad, un fenómeno que ha generado preocupación en diversos sectores. De acuerdo con el Ministerio de Desarrollo Social y Familia, la tasa global de fecundidad se situó en 0,99 hijos por mujer en 2025, ubicándose como la tercera más baja a nivel mundial, superada únicamente por Singapur y Corea del Sur.
Esta tendencia, analizada en un extenso reportaje de este medio, se atribuye a múltiples factores. Entre ellos, destacan un cambio en las prioridades de las generaciones más jóvenes, un acceso más amplio a métodos anticonceptivos y, de manera significativa, el alto costo económico de la crianza, sumado a la dificultad de compatibilizarla con las exigencias del ámbito profesional.
El valor mensual estimado para criar a un niño, niña o adolescente en Chile alcanza los $595 mil a marzo de 2025, según la Canasta de Crianza, un estudio elaborado por el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género junto a UNICEF. Este monto se desglosa en $383.267 para bienes y servicios, y $211.616 para el valor del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado.
El informe detalla que estas cifras se calcularon tomando como referencia un hogar compuesto por dos adultos, lo que implica que “los costos estimados no contemplan las diferencias que podrían surgir en hogares monoparentales o extendidos, donde la distribución de gastos y tiempos de cuidado puede ser distinta”.
Además, el estudio revela que el costo varía considerablemente según la edad del menor. Para un niño menor de 1 año, más del 50% del gasto se destina al tiempo de cuidado, mientras que para un adolescente de 14 a 17 años, este componente se reduce a un 14%, aumentando los costos asociados a bienes y servicios. “Por ejemplo, el costo estimado para una persona de 2 años asciende a $708.829, mientras que para un adolescente de 15 años es de $484.643. Estas diferencias reflejan las distintas necesidades de consumo y tiempo de cuidado a lo largo del ciclo de vida”, explica el documento.
Este elevado costo de la crianza se inserta en un contexto de alza generalizada del costo de la vida. Una investigación chilena publicada en el Journal of Family Issues, mostró que los jóvenes manifiestan una creciente preocupación por los gastos financieros y de cuidado ligados a la crianza, lo que influye en la decisión de postergar o reducir la cantidad de hijos planificados.
No obstante, el aspecto económico es solo una arista de la complejidad que implica la crianza. Actividades como llevar a los hijos al colegio, acompañarlos a citas médicas, cuidarlos durante una enfermedad, preparar sus comidas o simplemente estar disponible ante sus necesidades, demandan tiempo y redes de apoyo que no siempre están al alcance de todas las familias.
“Hablar del costo de criar no significa solamente preguntarnos cuánto cuesta tener un hijo. También significa preguntarnos qué condiciones necesitan las familias para poder ejercer la crianza de manera adecuada. El tiempo, las redes de apoyo y la posibilidad de acceder a servicios también son parte de esa ecuación”, señaló Osvaldo Salazar, director nacional de Aldeas Infantiles SOS.
Desde Aldeas Infantiles SOS, se enfatiza que la carga de la crianza no se distribuye de la misma manera entre todas las familias. La falta de redes, la precariedad laboral o una alta carga de cuidados pueden hacer que las mismas responsabilidades tengan un impacto distinto según las condiciones de cada hogar. Para el organismo, desde una perspectiva de protección de la niñez, mirar estas diferencias resulta fundamental, ya que las condiciones en que los adultos ejercen la crianza y las redes con que cuentan pueden influir directamente en el bienestar y las oportunidades que tendrán los niños, niñas y adolescentes. Y eso también pesa al momento de decidir, o no, tener hijos.