El chungungo (Lontra felina), también conocido como “gato marino”, es un pequeño y carismático mamífero marino habitual en las caletas pesqueras de Chile. Sin embargo, esta cercanía con la actividad humana, sus infraestructuras y los animales de compañía se ha convertido en la principal amenaza para su supervivencia en las costas chilenas.
Esta es una de las conclusiones centrales de una reciente investigación publicada en la revista Frontiers in Marine Science. El estudio analizó los patrones de mortalidad del chungungo en la zona centro-norte del país.
«Es súper importante saber de qué están muriendo para proponer manejo de las zonas, medidas de gestión ambiental y medidas políticas», afirma Frederick Toro, médico veterinario de la Universidad Santo Tomás y autor principal del estudio.
Casi veinte investigadores participaron en el análisis de 22 años de registros de muertes de esta nutria. Solo se logró determinar la causa de fallecimiento en el 38.5% de los casos, debido a que muchos cuerpos no pudieron ser recuperados o estaban en avanzado estado de descomposición.
Las principales causas de muerte identificadas fueron los ataques de perros, las capturas accidentales en redes de pesca y los traumas en la cabeza.
Los incidentes se concentraron en áreas costeras peri-urbanas con alta densidad de actividad humana. También se identificaron puntos críticos de varamiento como Punta de Choros, en la Región de Coquimbo; Caldera, en la Región de Atacama; y Papudo-Maitencillo, en la Región de Valparaíso.
Aunque se le apoda “gato de mar” por su pelaje oscuro y bigotes alargados, el chungungo no tiene parentesco con los felinos. Es un carnívoro de la familia de los mustélidos, la misma de comadrejas y hurones, y es el mamífero marino más pequeño del mundo.
Para Toro, la protección del chungungo es vital, no solo por su valor biológico inherente, sino por su rol crucial como depredador tope en el ecosistema intermareal chileno. Estos mamíferos controlan las poblaciones de crustáceos y moluscos, evitando que arrasen con las algas, que son especies fundamentales.
Actualmente, este mamífero marino está catalogado “en peligro”. Históricamente, fue perseguido por su piel o por una percepción de competencia con los pescadores. Hoy, científicos chilenos buscan respuestas para su protección.
Mongabay Latam conversó con Frederick Toro sobre los hallazgos del estudio, las proyecciones de la investigación y las medidas necesarias para salvaguardar a esta pequeña nutria.
El trabajo se gestó a partir de la colaboración de diversos grupos, incluyendo la Fundación Lontra, dirigida por Javier Trivelli, especializada en conservación de nutrias y con un centro de rescate en la Quinta Región, que ha registrado eventos de mortalidad desde 2016.
Las necropsias de fauna marina, incluidos delfines y ballenas, ya eran parte de la labor de Toro y Trivelli antes de centrarse en los chungungos, especialmente con ejemplares hallados muertos en el norte de Chile, zona de alto turismo.
La recolección de datos para el estudio combinó información de la base de datos de mortandad de fauna de Sernapesca (desde 2007) con los registros históricos de Gonzalo Medina, coautor del estudio, quien lleva 40 años trabajando con la especie. Las carcasas recibidas a través de Javier Trivelli permitieron realizar las necropsias.
También se cuenta con el apoyo de la Fundación Chungungo, en el sur, a cargo de Tamara Huerta, y de colegas de un centro de rescate de Sernapesca en el norte, lo que facilitó la obtención de muestras para el estudio.
Los hallazgos principales confirmaron una alta mortalidad de chungungos, particularmente en la zona centro-norte del país. Aunque no todas las necropsias pudieron determinar la causa, las más comunes fueron los ataques de perros y la captura incidental.
Esta captura incidental ocurre cuando los chungungos se ahogan en artes de pesca de pescadores artesanales, como redes para la captura de congrio en el norte o jaulas para jaibas en otras zonas.
Además, el estudio reveló lesiones pulmonares que podrían estar ligadas a bacterias o virus, aunque los casos no coincidieron con el año de la influenza aviar. También se documentaron ahogamientos en termoeléctricas e intoxicaciones por combustible fósil.
El trabajo en laboratorio presenta complejidades, especialmente dada la naturaleza carismática de estos animales. La avanzada descomposición de algunas carcasas dificulta la identificación de la causa de muerte.
Los patólogos Mario Alvarado y Mauricio Seguel, coautores, asesoraron en la identificación de hallazgos macroscópicos. Las mordidas, por ejemplo, dejan orificios y pueden causar lesiones internas, como fracturas de costillas o columna. Los ahogamientos, por su parte, dejan evidencia clara en el sistema respiratorio.
El hecho de que solo el 38.5% de los casos tuvieran una causa de muerte determinada es un desafío significativo. Esto subraya la necesidad de mejorar los sistemas de rescate y conservación, donde la rapidez y la capacidad de análisis son cruciales para entender y proteger a esta especie en riesgo en las vastas costas de Chile.

