Un reciente estudio del Bci ha puesto en cifras concretas el impacto económico de la delincuencia en Chile, revelando que el país podría haber crecido un 6,29% más si los niveles de violencia se hubieran mantenido en los estándares de 2016. Este análisis se suma a advertencias de organizaciones internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que ya señalaban la inseguridad como un freno significativo al desarrollo económico regional.
Según el informe, la delincuencia actúa como un “impuesto regresivo camuflado”, afectando desproporcionadamente a las pymes que deben absorber mayores costos de seguridad, mermando su competitividad. Las grandes compañías, en cambio, logran afrontar estos gastos con menor impacto en sus finanzas. A nivel país, el fenómeno eleva la prima de riesgo, “postergando inversiones que serían viables en un entorno seguro”.
Además de la inversión, la inseguridad repercute en el bienestar social, disminuyendo el gasto en servicios esenciales. También incrementa los costos de los sistemas de prevención y justicia, provoca una mayor emigración internacional y erosiona el capital humano desde etapas tempranas, generando un impacto multifacético en la sociedad y la economía.
Para su metodología, el equipo de analistas del Bci utilizó la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes, un indicador estándar a nivel internacional para medir la violencia. Esta métrica permitió identificar puntos de inflexión clave en la última década y media.
El estudio detectó un quiebre a la baja en la tasa promedio de homicidios en el primer trimestre de 2010, que pasó de 3,5 a 2,9 casos. Sin embargo, un giro crítico se produjo en el tercer trimestre de 2016, cuando el promedio se elevó a 4,8 casos, superando los registros de principios del milenio y marcando un “punto de quiebre estructural” desde el cual la tasa ha mostrado un aumento sostenido.
Considerando esta evolución, los economistas proyectaron cuánto hubiera crecido la economía chilena si la tasa de homicidios se hubiese mantenido constante en los niveles de 2016, aislando factores externos como la pandemia. Sus conclusiones son lapidarias: el aumento de la delincuencia en la última década ha significado un menor crecimiento promedio de -0,61 puntos porcentuales por año.
Esto significa que si la tasa de homicidios se hubiese mantenido constante en los niveles de 2016, el PIB Nominal al cierre de 2025 habría alcanzado los US$379 mil millones, en comparación con los US$357 mil millones efectivos -un 6,29% más-.
Esta diferencia implica que Chile dejó de percibir aproximadamente US$1.000 dólares per cápita al año. El crecimiento promedio de la última década, que fue del 2,0% anual, habría sido del 2,6% si la delincuencia no hubiese escalado.
El informe también describe un “círculo vicioso”: una mayor tasa de delitos “deprime la inversión a través de mayores costos, lo que frena el crecimiento”. Se estima que en seis trimestres, el impacto rezagado en la actividad económica es un 26% mayor que el golpe inicial. A su vez, el menor dinamismo económico reduce las oportunidades de trabajo formal, “creando condiciones de vulnerabilidad que propician el aumento de la delincuencia”, por lo que, sentencia el equipo del Bci, reducir los niveles de inseguridad es una condición clave para retomar el rumbo económico.