A los 30 años, Viviana Medina dejó su vida en Santiago de Chile para cursar un magíster en psicoanálisis en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Su hoja de ruta era clara: residir en Argentina por tres años y retornar a su país natal. La meta inicial era superar el primer año, pues se encontraba sola y sin vínculos en la capital trasandina.
La construcción de un nuevo hogar en Buenos Aires
Durante sus primeros años, Viviana integró una comunidad diversa compuesta por estudiantes de México, Colombia y otros países. La adaptación cultural llegó de forma gradual, destacando su fascinación por el uso de los espacios públicos y la intensa vida social porteña. Vivía cerca de la Plaza de la Recoleta y su rutina cambió gracias a su desempeño como maestra integradora, un área profesionalmente estimulante que incluyó estudios en lengua de señas y presentaciones en teatros de la calle Corrientes.
Cuando faltaban solo cuatro meses para su retorno definitivo a Chile, conoció a Fernando. Pese a sus dudas iniciales sobre establecer un vínculo sentimental en otro país, la conexión fue determinante. En diciembre, justo antes de viajar a Chile para las fiestas, recibió una oferta laboral para coordinar el centro educativo donde trabajaba, lo que interpretó como una señal para permanecer en Buenos Aires.
Decisiones clave: amor, vivienda y maternidad
La relación con Fernando se consolidó rápidamente y en julio ya convivían. Fue entonces cuando Viviana comprendió la dinámica social argentina, donde los encuentros semanales son una prioridad. El punto de inflexión ocurrió cuando Fernando salió seleccionado en el programa Procrear, una iniciativa estatal para el acceso a la vivienda propia. Mientras visitaban propiedades, Viviana confirmó que estaba embarazada.
Hija argentina, casa en Argentina. Claramente me estaba quedando.
Hoy su hija tiene 7 años y medio y se siente profundamente porteña. Aunque Viviana y Fernando formalizaron su matrimonio el año pasado en Chile durante las Fiestas Patrias, la distancia sigue siendo un desafío. Momentos críticos, como el diagnóstico de cáncer de su madre durante la pandemia, le recordaron la dificultad de no estar físicamente cerca ante las urgencias familiares.
¿Es posible vivir en dos mundos a la vez?
Tras 15 años de radicación, Viviana mantiene un fuerte vínculo con su chilenidad a través de viajes frecuentes y la enseñanza de costumbres locales a sus amigos argentinos. Aunque se siente una privilegiada por la acogida recibida, confiesa que en ambos países le preguntan por su lugar de origen. Pese a que el futuro es incierto, Viviana ha logrado encontrar un equilibrio personal, demostrando que es posible construir una vida sólida sin renunciar a sus raíces, manteniendo la puerta abierta a lo que venga en su trayectoria binacional.