La minera canadiense Sherritt International, responsable de la mayor inversión extranjera en Cuba, dio un giro inesperado este martes al anunciar que no seguirá adelante con la disolución de sus intereses en la isla. La decisión implica que la compañía mantendrá su vinculación con la empresa mixta que opera junto a la estatal General Nickel Company, aunque la firma precisó que su participación directa en las faenas continuará suspendida mientras evalúan el impacto del endurecimiento de las sanciones impuestas por Estados Unidos.
Desde la sede central de la empresa en Toronto, explicaron a través de un comunicado oficial que, tras realizar “nuevas consultas con asesores, partes interesadas y autoridades gubernamentales”, han optado por no ejecutar las medidas de disolución y renuncia que habían notificado públicamente el pasado 15 de mayo. Esta rectificación marca un cambio de rumbo absoluto respecto a lo informado hace apenas una semana, cuando la minera buscaba desvincularse de sus activos cubanos para mitigar las consecuencias de la orden ejecutiva firmada por Donald Trump el 1 de mayo.
El impacto de las sanciones estadounidenses
La tensión para la empresa comenzó cuando el presidente estadounidense expandió las sanciones contra el régimen cubano, lo que forzó a Sherritt a iniciar la repatriación de su personal expatriado y a considerar su designación bajo el nuevo marco sancionador. En el marco de esta ofensiva contra sectores estratégicos, el gobierno de Estados Unidos sancionó específicamente a Moa Nickel, la sociedad conjunta entre Sherritt y la estatal General Nickel.
Aunque la minera canadiense ha decidido no disolver sus activos, mantiene un escenario de alta incertidumbre. La compañía subrayó que, mientras trabaja con asesores para encontrar “pasos apropiados” que cumplan con la orden ejecutiva, seguirá sin participar de forma directa en las actividades de sus empresas mixtas en territorio cubano.
“Tras nuevas consultas con asesores, partes interesadas y autoridades gubernamentales, hemos decidido no proceder con las medidas de disolución y renuncia anunciadas el 15 de mayo”
A pesar de esta marcha atrás, la compañía advirtió que enfrenta problemas críticos. Según informó la firma, existe una “posible oportunidad para preservar valor” de manera preliminar, aunque recalcaron que no hay garantías de éxito. Mientras tanto, Sherritt enfrenta dificultades operativas, financieras y legales graves, incluyendo problemas para cumplir con los términos y cláusulas de sus actuales contratos de deuda.
Crisis de gobernanza y resultados
La inestabilidad generada por esta situación no solo ha afectado la operación en Moa, donde explotan níquel y cobalto, o sus intereses en Energas, uno de los mayores productores independientes de electricidad en la isla. La crisis interna ha provocado una salida masiva de altos ejecutivos, incluyendo al presidente del consejo de administración, Brian Imrie, la directora financiera, Yasmin Gabriel, y dos consejeros adicionales. Incluso su auditor externo, Deloitte, presentó su dimisión en este contexto.
La falta de gobernanza y las disrupciones operativas derivadas de las sanciones han impedido que la compañía presente sus resultados financieros correspondientes al primer trimestre. Con el panorama actual, el mercado se mantiene expectante sobre si Sherritt logrará esquivar las consecuencias del régimen sancionador o si esta pausa será solo un intento temporal de supervivencia ante la presión de Washington.