Las concesionarias de autopistas urbanas en Santiago han registrado ganancias acumuladas que superan en 3,2 billones de pesos lo invertido inicialmente, según una investigación de la Unidad de Investigación de Bío Bío. Este monto se obtuvo de un análisis de miles de páginas de memorias entregadas por las sociedades a los reguladores durante los últimos 30 años. Se calcula que los beneficios netos podrían alcanzar los 6,8 billones de pesos para seis de estas concesionarias al finalizar sus contratos, manteniendo el promedio de los últimos tres años.
El modelo de concesiones en Chile se consolidó en la década de los noventa, buscando la participación privada en obras públicas para aliviar la carga fiscal. La primera concesión de una carretera urbana en la capital fue en 1996, con el acceso al Aeropuerto Arturo Merino Benítez. Sin embargo, un hito clave fue la inauguración de la Autopista Central hace casi 22 años, que introdujo el sistema de TAG por primera vez en el país.
Desde la puesta en marcha de estas siete autopistas urbanas y la conexión al aeropuerto, las concesionarias gestionan más de 200 kilómetros de vías en Santiago. Entre ellas, destacan Costanera Norte, que ha generado 1,63 billones de pesos por encima de su capital de riesgo, y la Autopista Central, con 1,16 billones de pesos por sobre su inversión.
La investigación consideró como inversión tanto los aportes para constituir las sociedades como los pagos iniciales al Fisco. Todos los valores en pesos han sido actualizados al 31 de diciembre de 2025 para reflejar su poder adquisitivo real, utilizando la UF como referencia. Los montos en dólares se presentan tal como fueron reportados, con su equivalente actualizado en pesos chilenos.
El sistema free-flow o TAG se ha extendido a otras arterias capitalinas como Autopista Nororiente, Túnel San Cristóbal, Américo Vespucio Norte Express, Américo Vespucio Sur y Américo Vespucio Oriente. Estas vías, fundamentales para la conectividad de la ciudad, continúan generando significativas utilidades para sus operadores privados.
El actual escenario proyecta que las ganancias de estas empresas seguirán creciendo hasta el término de sus acuerdos, planteando interrogantes sobre el balance entre la inversión privada en infraestructura y los costos que asumen los automovilistas.