La incautación del teléfono de Darío Calderón González ha generado una profunda inquietud y nerviosismo en la élite chilena. Conocido como el Conde Negro, Calderón, expresidente de NutreChile —asociación que agrupa a proveedores de alimentos escolares—, es uno de los imputados en la trama de corrupción que afecta a la Junaeb.
Las diligencias realizadas este jueves por el Ministerio Público y la PDI incluyeron no solo la incautación de sus dispositivos electrónicos, sino también la autorización judicial para alzar su secreto bancario. Aunque su participación específica se mantiene en reserva, la fiscal de Alta Complejidad Oriente, Constanza Encina, ha puesto el foco en este influyente lobista.
Conocido por su vasta red de contactos, Calderón, antiguo concertacionista y autodenominado “laguista”, inició su carrera en el Instituto Nacional y estudió Derecho en la Universidad de Chile. Su trayectoria como un sigiloso lobista abarca el ámbito empresarial, político y judicial.
Los registros públicos lo muestran como cabildero en más de un centenar de reuniones, 48 de ellas a favor de NutreChile, 43 en representación propia y tres por la Inmobiliaria Punta Piqueros. Compareció ante diversas autoridades, incluyendo ministros, alcaldes y directores de servicios públicos.
Sus conexiones se extienden a figuras destacadas de la élite: fue abogado de Sebastián Piñera, hombre de confianza de Julio Ponce Lerou, mediador de la familia Yarur y amigo de los Cueto y los Jalaff. Su nombre incluso apareció mencionado tres veces en el audio que expuso la influencia de Luis Hermosilla.
“Todas las constituciones de sociedad de los Jalaff, independiente cuál, pasaban por Darío Calderón y Luis Hermosilla”, declararía más tarde Leonarda Villalobos ante la fiscalía.
En la Corte Suprema, el Conde Negro ha cultivado relaciones por más de 40 años. Abogados de la Universidad de Chile y miembros de la masonería son parte de su círculo. Una fuente cercana lo describe como un “tipazo”, mientras que otro lo califica de “amistoso” y “amigable”, de ahí el apodo “tío Darío” por su edad.
Fanático de la Universidad de Chile, su influencia llega incluso a la esfera internacional, siendo amigo de Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, a quien ha representado en Chile por más de dos décadas.
Aunque la orden judicial del Cuarto Juzgado de Garantía de Santiago limita la investigación a “reuniones, intercambios de información y otras formas de comunicación relacionadas a los hechos investigados”, existe gran preocupación sobre el contenido privado de su teléfono, especialmente lo que podría involucrar a figuras de Sanhattan y la élite chilena. Según cercanos a Calderón, aún no ha pensado en designar abogados en la causa, como lo