La recurrente práctica de influencers que exhiben conductas inapropiadas para luego pedir disculpas públicamente se ha convertido en una tendencia habitual en plataformas digitales, generando un debate profundo sobre la figura del influencer y la sociedad contemporánea. Casos como el de Wasabi, las controversias de Naya Fácil o Tere Durruty y las colillas de cigarro a su perro, son solo algunos ejemplos de este patrón.
Las justificaciones suelen ser vagas, apelando a la comprensión del público. Sin embargo, esta dinámica expone una interrogante mayor: ¿qué dice sobre los personajes que la sociedad elige como referentes en el entorno digital? Desde la aparición de las redes sociales, esta cuestión ha sido tema de análisis en círculos tanto públicos como académicos.
La Enciclopedia Britannica define al influencer como alguien que “ejerce influencia para guiar las acciones de otros”, especialmente para “generar interés en productos o experiencias de consumo mediante las redes sociales”. Estos individuos, con un gran número de seguidores, a menudo reciben pagos de empresas para promocionar bienes o servicios, animando a sus audiencias a la compra. El término fue incorporado en diccionarios como el Oxford de la Lengua Inglesa y Merriam-Webster en 2019.
Los influencers pueden ser desde celebridades que usan su fama para promocionar productos hasta expertos en un sector cuya opinión es valorada.
Nicolás Núñez, académico de Psicología en la Universidad Andrés Bello, explica que este comportamiento es “multidimensional” y no tiene una única causa. Uno de los factores más influyentes es el incentivo económico impulsado por la lógica de los likes.
“Un influencer que tiene un gran volumen de likes y con ello consigue alta visibilidad en sus publicaciones, puede recibir patrocinio de marca, bonificaciones por cantidad de seguidores, por cantidad de likes en medios como YouTube, por ejemplo. Entonces, hay un incentivo económico que está detrás de conseguir mayor visibilidad, mayor cantidad de likes”, afirma Núñez.
Además de la motivación económica, Núñez señala que la búsqueda de likes también puede vincularse con factores “psicológicos o socioemocionales”, como la necesidad de “recibir más aprobación, más admiración”. Tampoco descarta “factores psicosociales, como poder tener un mayor grado de influencia en ciertos espacios de discusión, quizás algún grado de mayor estatus al tener cuentas con mayor visibilidad, con mayor número de seguidores, o con mayor número de likes”.
Cuando estos videos provocan indignación, se activan fenómenos psicológicos comunes como el sesgo de confirmación. Los influencers tienden a minimizar sus errores y buscar argumentos que validen su creencia de que la falta no es “tan grave”, un comportamiento relacionado con la “naturalización o normalización” de ciertas conductas.