La tenista bielorrusa Aryna Sabalenka, quien lidera el ranking mundial de la WTA, vivió una jornada crítica en Roland Garros tras quedar fuera en cuartos de final. Su verdugo fue la rusa Diana Shnaider, actual número 23 del mundo, en un partido que dejó a la favorita visiblemente afectada y cuestionando su continuidad en el circuito profesional.
El encuentro estuvo marcado por un desplome anímico inexplicable. Sabalenka dominaba el marcador con un sólido 6-3 y 5-3, teniendo incluso la oportunidad de cerrar el partido con su propio servicio. Sin embargo, en una racha negativa histórica para ella, cedió diez juegos consecutivos, permitiendo que Shnaider remontara y sellara su clasificación a semifinales, donde se enfrentará a la polaca Maja Chwalińska, número 114 del ranking.
El colapso mental en la arcilla parisina
En la rueda de prensa posterior al duelo, la número uno del mundo no ocultó su frustración y admitió haber caído en un bache profundo.
«Me metí en un agujero a partir del final del segundo set y no he sabido salir. Quizá me enfoco demasiado en que no he ganado aquí y me pueden más las emociones»
, confesó la deportista, quien fue más allá al expresar su cansancio emocional:
«Estoy cansada de perder partidos por este motivo. Ahora mismo me gustaría dejar el tenis. Ya veremos en unos días, espero recuperarme mentalmente»
.
La jugadora también cuestionó las condiciones de juego y la gestión del torneo respecto a la pista central. Sabalenka criticó duramente que la organización no cerrara el techo retráctil frente al fuerte viento que complicaba el desarrollo del juego. Según la bielorrusa, la decisión fue incoherente, argumentando que «el año pasado vi un partido de hombres que, en condiciones similares, cerraron el techo para favorecer el espectáculo».
A pesar de la dureza de sus declaraciones y la magnitud de la derrota, el entorno del tenis se mantiene atento a si estas palabras son producto del calor del momento o si reflejan una crisis profunda. Por ahora, el futuro inmediato de Sabalenka es incierto, mientras intenta procesar una de las caídas más dolorosas de su carrera profesional.