En un abierto choque dentro de la derecha, la exalcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, cuestionó duramente la propuesta de José Antonio Kast sobre la creación de un “Registro Nacional de Vándalos”. Esta medida, que busca limitar el acceso a beneficios sociales para quienes integren dicho listado, fue presentada por el exabanderado en su última Cuenta Pública como una herramienta clave de seguridad.
Para Matthei, la estrategia del proyecto no ataca el problema de fondo: la captación de jóvenes por parte de bandas criminales. Durante una entrevista en Radio Pauta, la excandidata presidencial subrayó que la prevención debe ser el eje central para evitar que los niños y adolescentes se sumen a las filas delictuales.
La experiencia de Medellín como modelo
La ex jefa comunal sostuvo que Chile debería mirar hacia casos de éxito internacional, específicamente lo ocurrido en Medellín. Según explicó, la recuperación de barrios y el fortalecimiento de la vida comunitaria a través de la educación, el deporte y la cultura fueron determinantes para ofrecer alternativas de vida a los jóvenes, logrando así reducir los niveles de violencia.
A través de sus redes sociales, la exalcaldesa valoró las 7 fuerzas de tareas anunciadas por el Ejecutivo, pero fue enfática en su diagnóstico sobre la realidad local. Matthei puso el foco en la frustración de jóvenes que ven cómo sus padres, aun esforzándose y teniendo títulos universitarios, enfrentan precariedad laboral permanente.
Yo escuché ayer hablar mucho del esfuerzo y del mérito. Sí, muy lindo. Pero tenemos mucha gente que hizo el esfuerzo, que estudió en una universidad, que tiene el título y que no tiene pega. ¿Qué pasa cuando ven a sus padres que se han sacado la mugre y ahí siguen al tres y al cuatro? Mientras tanto, al frente, le ofrecen plata fácil.
La pérdida del valor de la vida humana
Uno de los puntos más críticos de su análisis radica en la desvalorización de la vida. Según la visión de la exalcaldesa, esta precariedad económica empuja a muchos adolescentes a tomar decisiones extremas: “Muchos jóvenes dicen: ‘¿Sabes qué más? Prefiero tener una vida corta, que me maten, no importa’. Están dispuestos a morir y a matar”.
Finalmente, Matthei argumentó que la respuesta estatal no puede limitarse únicamente al castigo carcelario. Advirtió que, si no se interviene con políticas preventivas integrales en las comunidades, el sistema seguirá siendo alimentado por nuevos soldados, reclutados a edades tempranas, entre los 14, 15 y 16 años, edades donde la reinserción se vuelve una tarea sumamente compleja una vez que se inicia la carrera criminal. El debate sobre si el registro de Kast es una solución real o una medida superficial continúa abierto en el arco político nacional.