Un reciente estudio publicado en la revista Meteoritics and Planetary Science ha arrojado nueva luz sobre el enigmático cristal alienígena hallado en la tumba de Tutankamón. Este material, técnicamente conocido como vidrio del desierto libio, se encuentra disperso en distintas áreas de Egipto y Libia, y es apodado popularmente como “alienígena” debido a que su origen estaría vinculado a un evento cósmico de gran magnitud ocurrido hace aproximadamente 29 millones de años.
Aunque los especialistas han barajado diversas teorías, tales como el impacto de un cometa o asteroide, o la explosión de un meteorito en la atmósfera que habría convertido la arena en vidrio, hasta el momento no existe un consenso científico definitivo sobre el fenómeno exacto. Los antiguos egipcios, fascinados por este material, lo consideraban una piedra preciosa, utilizándolo para crear joyas y diversos accesorios que fueron depositados en el ajuar funerario del faraón.
Temperaturas extremas y evidencia microscópica
Investigadores de la Universidad de Milano-Bicocca, en Italia, han logrado identificar nuevas evidencias que sugieren que la formación del vidrio ocurrió bajo condiciones de temperaturas extremadamente altas y un entorno caótico. El hallazgo clave se centra en una rara estructura de circón encontrada en el interior del vidrio, un material de gran dureza y brillo.
El equipo de científicos sostiene que el circón se formó en el momento en que el material fue fundido y cristalizado con gran rapidez. Para lograr este estado, el estudio estima que fue necesario alcanzar temperaturas superiores a los 2.000 grados Celsius. A nivel microscópico, los investigadores observaron que el circón presentaba una forma ramificada, lo que indica un proceso de formación acelerado mientras el vidrio circundante se enfriaba velozmente.
Además, al no encontrar rastros de otros materiales que suelen generarse durante el proceso habitual de fusión y enfriamiento del circón, los expertos concluyeron que la intensidad del evento fue tal que el material se saltó dichas etapas. Estos resultados descartan el origen volcánico, ya que ningún proceso de este tipo alcanza las temperaturas registradas, confirmando que se trató de un evento violento de origen extraterrestre.
El misterio inconcluso del cráter
A pesar de estos avances, el enigma persiste. Aunque la evidencia apunta firmemente hacia un impacto cósmico, los autores, liderados por Niccolò Magnani, aún no han logrado identificar un cráter de impacto que coincida con este fenómeno. La investigación, titulada New evidence on the formation conditions of the Libyan Desert Glass (Western Egypt): Clues from a dendritic zircon inclusion y publicada este 2026, mantiene abierta la interrogante sobre la ubicación exacta de este impacto ancestral.