La reciente polémica en el mundo del espectáculo local escaló tras las fuertes declaraciones de Patricia Maldonado en su podcast Con canas y sin canas. La comunicadora defendió los recortes presupuestarios en el área cultural y lanzó ofensivos comentarios contra los intérpretes, a quienes tildó de “vagos” y “parásitos” de los fondos estatales. Maldonado instó a los artistas a buscar empleos convencionales, utilizando términos de alto calibre contra el gremio.
La defensa de Claudia Pérez frente al discurso de odio
Ante estos ataques, la actriz Claudia Pérez utilizó sus redes sociales para cuestionar la forma en que Maldonado aborda el debate sobre el financiamiento público. Para Pérez, más allá de la ignorancia tras los dichos de Maldonado, lo que resulta preocupante es la intención de instaurar un discurso de odio contra los trabajadores de las artes y las culturas.
En su réplica, la intérprete fue enfática: “Un Fondart no es una pensión para que un artista se quede en su casa como un vago”. Pérez aclaró que estos recursos no constituyen un beneficio personal permanente, sino que corresponden a capitales concursables destinados a proyectos específicos que requieren rendición y gestión profesional.
La realidad de los fondos y el impacto económico
La actriz expuso que la entrega de fondos públicos beneficia a un segmento muy reducido de la población artística. Según sus datos, solo entre el 1% y el 2,5% de los artistas logra adjudicarse un Fondart o fondo concursable en un año determinado, desmintiendo la idea de un reparto masivo de dinero. Pérez explicó que estos proyectos movilizan una vasta cadena de trabajadores, incluyendo dramaturgos, diseñadores, técnicos, músicos, periodistas, fotógrafos, costureras y proveedores de servicios audiovisuales.
Finalmente, Pérez puso sobre la mesa el valor estratégico de la industria creativa para el país. Resaltó que este sector aporta entre el 2,2% y el 2,3% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional y genera más de 150 mil empleos directos. Con estas cifras, la actriz defendió la actividad cultural como un motor económico fundamental que merece ser analizado más allá de los ataques personales y la desinformación.