La relación entre La Habana y Washington atraviesa un momento crítico luego de que el canciller cubano, Bruno Rodríguez, arremetiera duramente contra el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio. El ministro acusó al funcionario estadounidense de difundir falsedades con el único objetivo de “instigar una agresión militar que provocaría el derramamiento de sangre de cubanos y estadounidenses”.
A través de sus plataformas digitales, Rodríguez enfatizó este jueves que la isla no representa una amenaza para la seguridad de Estados Unidos. Por el contrario, señaló que es el gobierno norteamericano el que mantiene una política “despiadada y sistemática” contra la población, provocando desesperación económica al prohibir la importación de combustible y endureciendo el bloqueo extraterritorial.
La disputa por el estatus de terrorismo
El canciller cubano rechazó categóricamente la calificación de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo impuesta por Washington. Según el diplomático, EEUU es quien ha actuado con “complicidad e impunidad” al permitir históricamente la ejecución de acciones terroristas desde su territorio y brindar refugio a individuos confesos.
El reforzamiento de las medidas coercitivas unilaterales, del que ha sido artífice con ensañamiento, es el principal obstáculo para el desarrollo económico de Cuba, con efecto integral y destructivo en todos los sectores del país, incluyendo el privado.
Rodríguez fue enfático al señalar que el rol de Rubio ha sido fundamental para profundizar estas sanciones, afectando no solo al sector público, sino también al ámbito privado de la economía cubana.
El caso contra Raúl Castro y la orden de arresto
Por su parte, Marco Rubio, de ascendencia cubana, elevó la presión al declarar que el expresidente Raúl Castro es ahora un “fugitivo de la Justicia” estadounidense. Esta postura surge tras la imputación de Castro por cargos de asesinato derivados del derribo de dos avionetas de una organización del exilio cubano hace tres décadas.
Desde Miami, previo a un viaje oficial a Suecia e India, el secretario de Estado evitó detallar planes operativos, manteniendo el hermetismo sobre una posible captura. No obstante, subrayó que las pruebas, centradas en una grabación de junio de 1996 donde Castro habría admitido la orden de derribar las aeronaves civiles, son “claras”.
Este nuevo escenario ha disparado las especulaciones sobre si la administración de Donald Trump pretende replicar el modelo aplicado en enero con Nicolás Maduro en Venezuela, quien enfrenta cargos por narcotráfico en EEUU. La incertidumbre sobre las próximas medidas de la Casa Blanca mantiene a la comunidad internacional expectante ante una escalada sin precedentes en las tensiones bilaterales.