El origen de un símbolo nacional
Cada 21 de mayo, Chile recuerda con solemnidad el sacrificio de Arturo Prat Chacón, comandante de la Esmeralda, quien se inmoló al lanzarse al abordaje del blindado peruano Huáscar. Esta acción heroica, realizada a pesar de las nulas probabilidades de éxito, se transformó en el pilar de la voluntad patriótica que definió el posterior triunfo chileno en la Guerra del Pacífico.
Prat nació el 4 de abril de 1848. A los ocho años, ingresó a la Escuela Superior de Educación Primaria en Santiago, donde forjó una profunda amistad con Carlos Condell y Luis Uribe, compañeros que lo acompañarían hasta el día de su muerte. Los tres ingresaron a la Escuela Naval, egresando en 1864.
Más allá de su carrera militar, Prat fue un hombre de gran intelecto: se tituló de bachiller en el Instituto Nacional en 1871, destacando en filosofía y literatura, y más tarde obtuvo su título de abogado en la Universidad de Chile. Su vocación docente lo llevó a ejercer como profesor en la Escuela Naval y en la escuela nocturna Benjamín Franklin de Valparaíso.
La proeza en el Combate Naval de Iquique
Aunque su nombre es sinónimo de Iquique, su carrera incluyó hitos como la captura de la Covadonga en 1865, cuando apenas tenía 17 años. Catorce años después, con el inicio de la Guerra del Pacífico contra Perú y Bolivia, la escuadra chilena bloqueó el puerto de Iquique. Ante la expedición del comandante Juan Williams Rebolledo hacia El Callao, Prat quedó a cargo de la Esmeralda, junto a la Covadonga y el transporte Lamar.
El enfrentamiento ocurrió el miércoles 21 de mayo. Tras el grito de “¡Humos al norte!” del vigía de la Covadonga, la ofensiva peruana inició con el Huáscar, al mando de Miguel Grau, y la fragata blindada Independencia, capitaneada por Juan Guillermo Moore. Prat ordenó arrojar la correspondencia al mar y arengó a sus hombres: “Muchachos: la contienda es desigual, pero ánimo y valor. Nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo y espero que no sea esta la ocasión de hacerlo”.
El salto final al abordaje
El combate duró horas. Tras los daños sufridos por la Esmeralda, que reventó sus calderas, la nave quedó vulnerable. Grau aprovechó para embestir con el espolón del Huáscar. En ese momento crítico, al quedar el castillo del acorazado peruano a la altura de la toldilla de la corbeta chilena, Prat lanzó su famosa proclama: “¡Al abordaje muchachos!”.
Solo unos pocos, incluyendo al sargento Juan de Dios Aldea, lograron saltar. Aldea murió acribillado rápidamente, mientras Prat cayó de rodillas tras un disparo inicial, falleciendo de forma instantánea al recibir un segundo impacto en la frente. A pesar de la muerte de su líder, la tripulación mantuvo la resistencia hasta el hundimiento de la nave a las 12:10 horas, tras un último cañonazo del guardiamarina Ernesto Riquelme.
En total, 141 hombres perdieron la vida ese día. Como señala el historiador naval Carlos Tromben, el ejemplo moral de Prat y su tripulación, donde perecieron dos tercios de los marinos, unificó al país bajo la mística de “vencer o morir”, factor determinante para la victoria final en el conflicto bélico.