El presidente de Rusia, Vladímir Putin, dio por finalizada su visita oficial a China este jueves bajo un manto de hermetismo. El mandatario ruso optó por cancelar la tradicional rueda de prensa que suele ofrecer ante la prensa internacional tras sus giras, una decisión que analistas vinculan con la ausencia de resultados concretos y tangibles en las negociaciones sostenidas con el líder chino, Xi Jinping.
Balance de la cumbre: ¿Qué se logró y qué quedó pendiente?
Aunque ambos mandatarios suscribieron una declaración conjunta en la que abogaron por el diálogo respecto a la situación en Irán y manifestaron su rechazo a los ataques perpetrados por Estados Unidos e Israel, el fondo económico de la visita dejó un sabor amargo para el Kremlin. En el marco de la reunión, se formalizó la firma de una veintena de acuerdos, pero el gran objetivo de Moscú —un incremento sustancial en las exportaciones de petróleo y gas hacia el gigante asiático— se mantuvo estancado.
Uno de los puntos críticos fue la falta de avances en el proyecto del gasoducto Fuerza de Siberia-2, diseñado para atravesar Mongolia. Pese a que Moscú insiste en que existe un “entendimiento” mutuo, el acuerdo formal sigue sin concretarse. Vladímir Putin enfatizó que su país mantiene la disposición de garantizar un suministro seguro e ininterrumpido de hidrocarburos y carbón, especialmente ante las dificultades que enfrenta China para importar gas licuado debido a los bloqueos en el estrecho de Ormuz.
Energía y geopolítica en la agenda
Para reforzar estas intenciones, acompañaron al mandatario los directivos de los gigantes energéticos Rosneft y Gazprom. Aunque el Gobierno ruso mencionó planes para expandir proyectos conjuntos, no se detalló ninguna iniciativa específica. La urgencia del Kremlin por cerrar estos tratos es evidente: desde el inicio de la guerra en Ucrania y la suspensión de las compras europeas, la dependencia de Rusia respecto a los mercados de China e India se ha vuelto vital para su economía.
En el terreno diplomático, la sintonía fue total: Rusia reafirmó su respaldo al principio de “Una sola China” y la reunificación con Taiwán. Por su parte, Beijing se alineó con la postura rusa al condenar la ampliación de la OTAN y su avance hacia las fronteras rusas. Incluso se discutió cómo coordinar una estrategia común frente a la reciente visita del presidente estadounidense Donald Trump, un tema que ocupó parte de las conversaciones privadas.
Mientras Putin se refirió reiteradamente a Xi como su “amigo”, la realidad es que el futuro de la cooperación bilateral sigue marcado por la cautela. El presidente ruso ya proyecta su retorno a China para el mes de noviembre, ocasión en la que participará en la cumbre de la APEC. ¿Logrará entonces una reunión con Trump que cambie el tablero global o persistirá la falta de acuerdos que marcó esta gira?