Un importante golpe a la estructura del Estado Islámico (ISIS) fue concretado el pasado fin de semana mediante una serie de ataques coordinados entre Estados Unidos y el gobierno de Nigeria. La ofensiva, reportada inicialmente por la cadena catarí Al Jazeera, terminó con la vida de 20 combatientes y permitió neutralizar a Abu-Bilal al-Minuki, identificado como el segundo líder de la organización yihadista.
El propio presidente Donald Trump confirmó la baja de al-Minuki el viernes por la noche a través de Truth Social, subrayando el impacto estratégico de la operación:
Ya no aterrorizará al pueblo africano ni ayudará a planificar operaciones contra estadounidenses. Con su eliminación, la operación global del ISIS se ve considerablemente debilitada. Gracias al gobierno de Nigeria por su colaboración en esta operación.
Detalles de la cooperación militar
La escalada de enfrentamientos en el norte de Nigeria alcanzó un nuevo punto crítico la noche del domingo, cuando una ofensiva adicional dejó un saldo de 20 yihadistas fallecidos. Estas acciones conjuntas se enmarcan en un despliegue de ayuda militar estadounidense que busca potenciar el intercambio de inteligencia y el soporte técnico frente a la amenaza terrorista.
El pasado 16 de febrero, las autoridades nigerianas oficializaron el arribo de aproximadamente cien efectivos estadounidenses al aeródromo de Bauchi, en el noroeste del país. Este contingente forma parte de un acuerdo bilateral de defensa diseñado para contener el avance de grupos armados en una región que vive una compleja crisis de seguridad.
El contexto de la violencia en Nigeria
La inestabilidad en la zona no es reciente. Desde 2009, el noreste de Nigeria ha sido asediado por Boko Haram, situación que se agravó en 2016 tras el surgimiento del grupo escindido ISWAP. Asimismo, se ha detectado la presencia del grupo Lakurawa, una facción aparentemente vinculada al Estado Islámico-Provincia del Sahel (ISSP), organización responsable de múltiples atentados en los estados de Kebbi y Sokoto.
Los esfuerzos militares han cobrado mayor intensidad tras los ataques aéreos registrados a finales de diciembre de 2025. Ante este escenario, queda por ver si el debilitamiento de la cúpula del Estado Islámico será suficiente para reducir la ola de violencia que azota a la población civil o si los grupos remanentes escalarán sus represalias en el noroeste del país.