A sus 35 años, el mecánico chileno José Ignacio Pinto Quintanilla se encuentra en el punto de inflexión de su carrera: está a las puertas de ingresar a un equipo de Fórmula 1 con sede en Estados Unidos. Aunque mantiene reserva sobre el nombre de la escudería, su trayectoria es una de las más destacadas para un técnico nacional en el extranjero.
Del campo en Alhué al automovilismo de élite
Pinto nació en Alhué, una pequeña comuna de la provincia de Melipilla, donde su formación inicial fue el trabajo agrícola. “Yo vengo de un pueblo súper pequeño en el campo, llamado Alhué, donde no tenía vecinos, absolutamente nada. Vivía en el medio de la nada”, recuerda sobre su origen. Según relata, su padre le enseñó el valor del esfuerzo enviándolo a sembrar papas desde niño, una disciplina que aplicó posteriormente a la mecánica.
Su vida cambió radicalmente hace seis años gracias a su vínculo con el piloto Ignacio Casale. Tras atravesar una separación personal y un complejo momento anímico, Pinto decidió ir a un rally cross country en Antofagasta, donde comenzó a asistir a pilotos de forma improvisada. “En la noche le reparé el motor y todo, sin saber quién era el piloto ni nada”, detalla sobre el inicio de su ascenso.
La forja de un mecánico internacional
Tras destacar en Chile, el mecánico dio el salto internacional gracias a la oportunidad brindada por el piloto y empresario Hernán Garcés, quien lo llevó a Portugal. En 2022, trabajó junto a Francisco ‘Chaleco’ López cuando el rider nacional se consagró campeón en Portugal. Posteriormente, se trasladó a Alemania para integrarse al equipo X-raid, una de las estructuras más laureadas en el historial del Dakar.
Su paso por Europa no estuvo exento de desafíos, incluyendo la barrera del idioma. “Ahí empezó mi travesía por Europa, sin saber inglés, sin saber nada. Ahora ya puedo hablar, defenderme con seis idiomas y cosas así. Pero bueno, salí de la nada”, confiesa. Su capacidad técnica le ha permitido trabajar con figuras de la talla de Carlos Sainz y Stéphane Peterhansel, manteniendo siempre un perfil bajo.
Sacrificio y el futuro en la F1
El ritmo de vida de José Ignacio Pinto ha implicado renuncias personales significativas: “A veces me cuestiono mucho porque digo: me he perdido mucha parte de mi vida. Yo nunca he ido a una fiesta, nunca he bebido alcohol”. El mecánico sostiene que ha invertido todo lo que no gasta en ocio en estudios y perfeccionamiento constante. Actualmente, su labor incluye el apoyo al equipo de Lucas del Río (Jadaf) en el RallyMobil de Arauco.
De cara al futuro, Pinto prepara su viaje a Ámsterdam la próxima semana para iniciar formalmente su camino hacia la Fórmula 1. Reconoce que el proceso es competitivo, con una lista de espera de profesionales que buscan las mismas plazas, pero se mantiene firme en su objetivo. Con el respaldo de su experiencia en mecánica eléctrica y motriz, el chileno ve este desafío como el siguiente paso lógico en una vida marcada por la meritocracia y la pasión.