El Mundial de Chile 1962 es recordado por la épica selección nacional, pero para el futbolista soviético Eduard Dubinski, la cita planetaria se transformó en una verdadera tragedia. En pleno desarrollo de la fase de grupos en Arica, un violento enfrentamiento entre la Unión Soviética y Yugoslavia dejó una marca imborrable en la historia del fútbol debido a una infracción que, años más tarde, derivaría en el fallecimiento del deportista.
La selección de la URSS llegaba a tierras chilenas como gran favorita tras ganar la Eurocopa de 1960, donde justamente habían vencido a Yugoslavia por 2-1. Este antecedente, sumado a la ruptura política entre Iosif Stalin y el mariscal Josip Broz Tito, cargó de una tensión ideológica inusual el cruce del Grupo 1, que compartían junto a Uruguay y Colombia.
La tragedia en el césped de Arica
Eduard Dubinski, lateral derecho del CSKA Moscú nacido el 6 de abril de 1935 en Kharkiv, era valorado más por su entrega que por su técnica. Durante el partido contra los yugoslavos, el ambiente en cancha era de extrema fricción. El árbitro alemán Albert Dusch, cuestionado por su permisividad, no pudo controlar los ánimos de ambos equipos.
Cerca del entretiempo, mientras Dubinski despejaba un balón, el jugador Muhamed Mujic arremetió con una entrada brutal. El impacto de sus toperoles sobre la pierna derecha del soviético provocó una fractura de tibia y peroné. Increíblemente, el juez no expulsó al capitán yugoslavo, aunque su propia delegación decidió separarlo de la selección poco después del encuentro que la URSS ganó por 2-0.
Secuelas físicas y desenlace fatal
El partido fue una carnicería deportiva: Slava Metreveli requirió 12 puntos de sutura, Viktor Ponedélnik terminó con un severo hematoma y el yugoslavo Zeljko Matus sufrió una fractura nasal. Sin embargo, el caso de Dubinski fue el más grave.
Aunque el defensor intentó regresar al fútbol profesional tras su recuperación, nunca volvió a ser el mismo. El destino fue cruel: en 1968, médicos en Ucrania detectaron un sarcoma en la misma zona de la fractura, tumor vinculado por especialistas al fuerte traumatismo recibido en Chile 1962. Mientras Muhamed Mujic cargó toda su vida con el estigma de haber ejecutado la denominada «patada de la muerte», la carrera y vida de Dubinski quedaron truncadas para siempre, convirtiéndose en uno de los episodios más oscuros y recordados de los mundiales disputados en suelo nacional.