Un hito académico chileno en Boston
Maximiliano Mariné, un joven de 24 años, alcanzó un logro excepcional al ser aceptado en el programa de doctorado (PhD) en Ciencias de la Salud y Tecnología, impartido conjuntamente por la Universidad de Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Este exigente programa, que comienza en septiembre, recibe anualmente cerca de 900 postulaciones, de las cuales solo 20 son seleccionadas.
Innovación tecnológica: El proyecto Sniff
Mariné destacó al integrar sus conocimientos en Medicina e Ingeniería para desarrollar Sniff. Se trata de un dispositivo diseñado para la detección intraoperatoria de los márgenes en casos de cáncer de mama, operando mediante el análisis de gases electroquirúrgicos e inteligencia artificial. Su invención permite distinguir entre tumores y tejidos sanos a partir del humo que emana el electrobisturí.
El valor del proyecto Sniff es notablemente competitivo, con un costo de 10 mil dólares. Esta cifra contrasta con los 400 mil dólares que requieren habitualmente los espectrómetros de masa acoplados a cromatógrafos, que realizan funciones similares para el análisis de gases.
El camino hacia el éxito académico
En declaraciones a Las Últimas Noticias, el estudiante explicó los pilares de su postulación. Según detalla, el proceso evalúa prioritariamente el rendimiento académico, seguido de la experiencia investigativa previa y las cartas de recomendación. Sobre su carta de motivación, Mariné señaló: “Creo que mi proyecto pudo haber influido, pero no fue lo más importante”.
Sobre la coordinación de sus dos carreras, recordó que inició Medicina y, tras cumplir con los requisitos de créditos del primer año, comenzó a cursar Ingeniería simultáneamente. “Tuve que ordenar los ramos de Ingeniería en función de los de Medicina, ya que esta última tiene malla fija y la otra es flexible”, explicó, admitiendo que el proceso requiere doblar los esfuerzos, el tiempo y la cantidad de exámenes.
Una perspectiva renovada
El joven aclaró que esta ruta es viable y que existen otros compañeros en la Pontificia Universidad Católica de Chile que han seguido trayectorias similares. Al reflexionar sobre sus miedos iniciales, confesó que durante años vio a Harvard y al MIT como instituciones inalcanzables, propias de películas o premios Nobel.
Sin embargo, tras participar en un programa en Boston, se dio cuenta de que el nivel académico no distaba significativamente de sus compañeros en Chile. Ese encuentro fue el impulso definitivo para postular: “Ahí me pregunté si podía llegar a estar junto a ellos. El primer paso fue postular”, concluyó.