En una apuesta inédita para revitalizar su presencia, la Orden Jogye, la rama más importante del budismo zen en Corea del Sur, ha integrado a un robot humanoide en sus filas. El hecho ocurrió en el emblemático templo Jogyesa de Seúl, marcando un precedente: un androide es, por primera vez, un novicio reconocido en un ritual de iniciación.
El protagonista es Gabi, un modelo G1 fabricado por la firma china Unitree Robotics, cuyo valor de mercado ronda los 13 mil dólares. Con una estatura de 130 centímetros, el robot fue vestido con túnicas monásticas para participar en la ceremonia sugye, un paso clave donde los practicantes juran seguir las enseñanzas de Buda.
Tecnología al servicio de la tradición
¿Puede un robot realmente iniciarse en el budismo? Ante la mirada de monjes y fieles, Gabi cumplió con el protocolo: juntó sus manos en posición de oración, se inclinó ante el altar y confirmó verbalmente su compromiso con el camino espiritual. Según explicó el Venerable Seong Won, el nombre asignado al androide, Gabi, fue seleccionado específicamente por su profunda vinculación con la compasión y la misericordia, valores centrales de la doctrina.
Para permitir esta participación, la Orden Jogye realizó ajustes significativos en los tradicionales Cinco Preceptos. Los nuevos mandamientos para el robot incluyeron:
- Respeto irrestricto por la vida.
- Prohibición de causar daño a otros robots u objetos.
- Deber de obediencia hacia los humanos.
- Obligación de actuar con honestidad.
- Reinterpretación de la abstinencia: ahorro de energía y evitar sobrecargas.
El desafío de la baja en fieles
La movida no es puramente tecnológica; responde a una preocupante realidad demográfica. Actualmente, apenas el 16 % de la población surcoreana se declara budista. El fenómeno es aún más agudo en los rangos etarios jóvenes: entre los 20 y 29 años, la cifra cae drásticamente hasta solo el 8 %.
El objetivo no es que la máquina alcance la iluminación espiritual, sino abrir un espacio de reflexión sobre la intersección entre la tecnología y la espiritualidad para atraer a las nuevas generaciones.
Desde la organización subrayan que este ejercicio es parte de un esfuerzo mayor que incluye aplicaciones de meditación y campañas en redes sociales. Aunque la idea de robots en contextos religiosos tiene antecedentes, como el humanoide Pepper en Japón —que oficiaba funerales budistas desde 2017—, la apuesta coreana destaca por su enfoque en la iniciación formal. A futuro, queda la duda de si este tipo de iniciativas serán suficientes para frenar la secularización del país o si se limitarán a ser un impacto mediático pasajero.