La batalla legal entre Elon Musk y OpenAI alcanzó un punto de máxima tensión tras revelarse un correo electrónico enviado por el dueño de Tesla al presidente de la tecnológica, Greg Brockman. Según los abogados de los creadores de ChatGPT, este mensaje fue enviado el pasado 25 de abril, apenas dos días antes de que comenzara el proceso judicial en California, con el objetivo de evitar el enfrentamiento en los tribunales.
En dicho intercambio, Musk propuso retirar las demandas para explorar un acuerdo, pero la respuesta de la tecnológica no satisfizo al empresario. La réplica de Musk, incluida en un documento presentado por los abogados de OpenAI y difundido este lunes por CNN, fue tajante:
Para finales de esta semana, usted y Sam serán los hombres más odiados de Estados Unidos. Si insiste, así será.
El juicio, que se lleva a cabo en Oakland, entró en una etapa clave este lunes con el testimonio de Greg Brockman, dando continuidad a las tres jornadas de comparecencia previa del propio Musk. Durante su intervención, el fundador de Tesla calificó de “tonto” haber entregado 38 millones de dólares en financiación “esencialmente gratuita” para impulsar lo que hoy se ha convertido en una compañía valorada en 800.000 millones de dólares.
El origen de la disputa y los contratos
La demanda presentada por Musk sostiene que tanto OpenAI como Microsoft incurrieron en incumplimiento de contrato y enriquecimiento injusto. El argumento central del magnate es que la organización ha traicionado su misión original al priorizar los beneficios económicos sobre el interés público, alejándose de los principios fundacionales establecidos en 2015 por Sam Altman, Greg Brockman y él mismo.
Por su parte, OpenAI ha desestimado las acusaciones, calificando la demanda como un intento infundado motivado por la envidia. Según la defensa de la tecnológica, la intención real de Musk es obstaculizar a un competidor directo mediante el sistema judicial. Como prueba, el abogado de la empresa expuso correos electrónicos donde los asesores de Musk discutían porcentajes de participación accionaria si la firma abandonaba su estatus sin fines de lucro.
¿Qué pasará con la demanda?
La relación entre las partes comenzó a fracturarse en 2017, tras desacuerdos sobre el cumplimiento de objetivos. En aquel momento, Musk ya había aportado cerca de 45 millones de dólares, pero un año después se retiró de la junta directiva y cesó sus donaciones. Posteriormente, en 2019, OpenAI completó su transición hacia una estructura de beneficio limitado.
A medida que el juicio avanza en los juzgados de Oakland, la incertidumbre persiste sobre si los documentos presentados lograrán influir en la resolución final o si el conflicto escalará a nuevas instancias. Mientras Brockman continúa con su testimonio, el sector tecnológico mantiene la expectativa sobre cómo este enfrentamiento legal afectará el futuro de la inteligencia artificial y la gobernanza de estas corporaciones.